estados@eluniversal.com.mxCONGREGACIÓN GUATACALCA, Tab.— El caudal que durante 19 días ininterrumpidos han desfogado las presas del Alto Grijalva, ubicadas en las montañas del norte de Chiapas, empezó a inundar miles de hectáreas de pastizales, maíz, frijol, plátano y hortalizas, así como viviendas y caminos de decenas de poblados del municipio de Nacajuca.
El escurrimiento de mil 300 metros cúbicos por segundo que desde el 12 de marzo se registra por la presa Peñitas hacia la planicie tabasqueña, empezó a causar estragos, principalmente a la zona indígena chontal de Nacajuca, conocida también como La Olla de la Chontalpa, por ser la zona más baja de la planicie.
En pleno estiaje, paradójicamente, la población de esta zona sufre del exceso de agua derramada por el río Samaria y sus afluentes. “Nos están ahogando a nosotros, pues sólo se protegió a la capital”, dice Guadalupe García García, delegado municipal del ejido Chicozapote.
En su comunidad 146 familias ya están bajo el agua; incluso ya hay gente en refugios,
Las comisiones Nacional del Agua (Conagua) y Federal de Electricidad (CFE), realizan el vaciado de los embalses de las hidroeléctricas de Malpaso, Peñitas, Angostura y Chicoasén, para que puedan tener capacidad de almacenaje en la próxima temporada de lluvias, que se espera inicie en mayo.
Saldos aún del alud
Según declaró el 12 de marzo el director general de la Conagua, José Luis Luege Tamargo, al menos durante dos meses desfogarían el caudal de las presas, luego de que se mantuvieron cerradas desde noviembre del año pasado al quedar obstruido el cauce del Alto Grijalva, por el alud registrado en el cerro frente al poblado Juan de Grijalva, en Ostuacán, Chiapas.
Pero cuando aún falta casi mes y medio para que termine el plazo de desfogues de las hidroeléctricas, los ríos ya no pudieron contener el volumen de agua y empezaron a derramarlo por toda esta zona donde se asientan unas 20 comunidades indígenas.
La desesperanza empezó a invadir el ánimo de la población que realizaba esfuerzos para salir de la catastrófica inundación que sufrió Tabasco en noviembre pasado, y ahora nuevamente ven otra devastación en puerta.
Apoyan sólo a la capital
El delegado municipal del ejido Chicozapote, Guadalupe García García, molesto, al igual que el resto de los habitantes de esta zona, señala que sólo se protegió la capital tabasqueña, “pero nos están ahogando a nosotros”.
A raíz del desbordamiento del río, varias casas y los patios de Congregación Guatacalca empezaron a anegarse. En el centro de Salud de esta ranchería fueron albergadas siete familias de las 50 que se encuentran afectadas.
La gente de la zona dañada aún no sale de la contingencia pasada y otra vez tiene que luchar contra este desastre hidrológico.
Incluso, unas 5 mil familias que resultaron damnificadas en la inundación de noviembre pasado, aún no reciben sus vales por 10 mil pesos del Programa de Reposición de Enseres que tuvo que instrumentar la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) federal.
“Sedesol nunca nos apoyó”
María del Carmen Contreras Ruiz, cuya vivienda está rodeada de agua y tuvo que encerrar a sus gallinas y pavos en un terraplén para evitar que se ahoguen, asegura que nunca les dieron ese apoyo para reponer su patrimonio.
“Somos los primeros que siempre nos vamos al agua por el desbordamiento del río El Mango; la Sedesol no entregó ese apoyo”, afirma al señalar que el dinero se lo dieron a jóvenes que pagaron a empleados de Sedesol para que los incluyeran en el censo.
Los productores pecuarios realizan tareas titánicas para movilizar sus reses de los terrenos inundados hacia zonas donde se puedan resguardar, pero donde enfrentarán el problema de carencia de alimento para el hato.
El agua ha anegado sobre todo la superficie que se encuentra en medio de los ríos El Mango y Don Cipriano, que prácticamente se han unido. Estos cauces son los que reciben el escurrimiento del Samaria en su ruta hacia el golfo de México.
Oídos sordos
El pequeño ganadero de la ranchería El Zapote, Carmen Ovando García, clama por que la Conagua y CFE disminuyan la extracción de las presas para evitar la inundación de pastizales.
“Con 60 centímetros que baje el nivel del río ya no se derrama sobre los pastizales. Es mucha agua la que están soltando. Con ese nivel que le bajen la podemos pasar”, explica al advertir que varios productores están dispuestos a marchar con sus hatos hacia Villahermosa para protestar por esta afectación que sufren.
El jefe de la Unidad de Protección Civil de Nacajuca, Rafael Tosca Zapata, dijo que las tierras de las 20 comunidades anegadas, principalmente, están dedicadas a la ganadería y a cultivos básicos como maíz, pero aún no contaba con el estimado de las hectáreas afectadas.
Dijo que los ganaderos apenas estaban recuperando sus pastizales dañados en noviembre, y al igual que los agricultores iban a aprovechar este estiaje para cosechar, pero ya no lo lograron.