TORREÓN, Coah.— Con un siglo de vida, el rostro de Severita no oculta el orgullo de ser mujer. Ha sabido sortear con entereza los vaivenes que traen los años y aunque ahora sus facultades físicas han mermado, nada ni nadie le impide sostenerse de pie y valerse por sí misma.Sorprende su lucidez mental. Doña Severa Adame Sánchez guarda en su corazón y alma la caja de recuerdos que le han dejado los años como mujer, esposa y madre de cuatro hijos.
Esta mujer nació el 1 de febrero de 1908 en la Hacienda Apaseo del estado de Zacatecas. Es hija de Hilario Adame Salazar y Bartola Sánchez Esquivel.
Con admirable facilidad para hablar, pese a su avanzada edad, revela que fue en San Juan de Guadalupe, Durango, donde creció y se casó con José Palacio Uribe, con quien procreó cuatro hijos.
Con la mirada sumida en el recuerdo, Severita, sin rencores y con el rostro lleno de las huellas que deja el tiempo, cuenta que en 1947 la abandonó su esposo: “que Dios lo tenga en paz”, expresa doña Severita. Este hecho no cambió su amor por la vida y se entregó por completo a su familia.
Se fijó una meta: sacar adelante a sus hijos, y para lograrlo se dedicó a lavar y planchar ajeno y hacer tortillas a mano, porque lo importante era “tener qué comer”, sin importar el sacrificio por duro que fuera. En 1963 profesó y recibió el hábito como franciscana en la parroquia de San Felipe de Jesús.