JUCHITÁN, Oax.— Además de la vida precaria que llevan ante el abandono del campo, los labriegos enfrentan otros riesgos incluso de naturaleza mortal, como las mordeduras de serpientes venenosas.La Secretaría de Salud de Oaxaca registró en 2007 el deceso de cinco personas por ataques de víboras venenosas y mil 364 casos de intoxicación por animales ponzoñosos.
Según la publicación del área Una mirada a la ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que se distribuye en las comunidades rurales, cada año 15 mil personas son mordidas en el país por víboras de cascabel, nauyacas y coralillos, y 7 mil son atacadas por la araña viuda negra y violinista.
El ex comisariado de bienes comunales de Santa María Chimalapa, Zeferino López Mendoza, no resistió el ataque de una serpiente conocida como sorda o nauyaca y falleció el 14 de noviembre del año pasado.
“Murió a los tres meses de la picadura cuando iba por leña al potrero de su hermano”, recordó el comunero Gilberto Pacheco, quien destacó que López Mendoza encabezó la recuperación de 42 mil hectáreas en La Gringa que estaban en manos de los ganaderos chiapanecos en 1994.
El problema de las mordeduras de los reptiles, señaló el director de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CNANP), Carlos Solano, “es que los sueros antiviperinos son caros y caducan pronto”.
“En Santa María Chimalapa hemos tenido muchas muertes de compañeros por las mordeduras de la víbora conocida como sorda”, añadió el actual regidor de Salud, Ruperto Hernández González. En el brecheo de los límites de Chimalapa con la colonia Cuauhtémoc, en 2003, perdimos a un compañero que fue mordido por una nauyaca a la altura del poblado de Tierra Blanca, recordó.
El director de la CNANP, Carlos Solano, dijo que entre los reptiles más peligrosos están la nauyaca, que vive en la selva húmeda; el coralillo, que predomina en selvas secas; el escorpión negro que mucha gente confunde sus nidos con los de la iguana y vive en la zona de la costa oaxaqueña.
Lamentablemente, añadió, los centros de salud que existen en las comunidades rurales e indígenas no están preparados para enfrentar ese tipo de contingencias. Un suero antiviperino para combatir los efectos de una nauyaca cuesta 800 pesos y para la víbora coralillo cuesta mil 200 pesos y a veces es necesario aplicarle al paciente hasta 10 sueros, mientras que el antídoto contra la araña capulina o viuda negra cuesta 200 pesos.
Durante 2007, Salud distribuyó 5 mil 535 sueros para enfrentar las picaduras de serpientes, principalmente en las regiones de la Sierra, Costa y Tuxtepec.
La CNANP registró que la víbora nauyaca ataca por los general a los campesinos de las selvas zoque, de la sierra zapoteca/mixe y de la región chatina.