estados@eluniversal.com.mxPLAYAS DE ROSARITO, BC.— Calles desoladas, empleados en espera de clientes que desaparecieron hace tiempo y negocios a punto de cerrar, es el panorama que se observa en este municipio y que se acentúa en el poblado Puerto Nuevo, especializado en la gastronomía, ubicado a unos 15 kilómetros al sur de la zona urbana.
El alcalde Hugo Torres Chabert considera que ésta es la peor crisis económica en 40 años.
Los afectados, prestadores de servicios turísticos, atribuyeron la situación a la corrupción policiaca en primer lugar y, en segundo, a la ola violenta que azota a Tijuana, paso obligado para los turistas, procedentes principalmente de Estados Unidos.
Aunque enero es una temporada de baja afluencia de visitantes, nunca en la historia de ese municipio había caído tanto como ahora. De hecho, a lo largo de 2007 cerraron sus puertas decenas de establecimientos entre restaurantes y de artesanías, principalmente, en tanto que los hoteles y otros comercios también registraron pérdidas.
Incluso, aseguran que la crisis es peor que la que se registró tras los atentados terroristas de septiembre de 2001 en Estados Unidos, cuando la actividad cayó en 90%.
Es la imagen de la peor depresión que se ha vivido en la historia del llamado quinto municipio de Baja California, según comerciantes, prestadores de servicios turísticos y el propio alcalde Hugo Torres Chabert. Todos culpan de la situación a la corrupción policiaca y a la violencia que se ha intensificado en Tijuana.
Las víctimas
El edil, también empresario en la rama constructora, sostuvo que los visitantes han sido víctimas de asaltos a manos de comandos armados como el ocurrido en diciembre pasado, cuando un empresario estadounidense regresaba de participar en una carrera fuera de carretera en el sur del estado.
Casi al llegar a Tijuana, hombres armados y encapuchados lo interceptaron y le robaron 50 mil dólares de equipo y su vehículo. El empresario denunció el hecho en los medios de comunicación de su país y advirtió que no regresaría a México.
Otro estadounidense, un surfeador propietario de una revista especializada en esa actividad, también fue víctima de los delincuentes. En su medio detalló los hechos que vivió e igualmente señaló que no volvería a este país.
Torres Chabert, de extracción priísta, aseguró que ya se trabaja en la depuración policiaca para acabar con las extorsiones, pero advirtió que aún está pendiente que las autoridades estatales y federales hagan lo propio para garantizar que haya seguridad a lo largo de este corredor turístico.
Recordó que desde hace casi 40 años no se había vivido una situación como la actual.
El secretario de Turismo del estado, Óscar Escobedo Carignan, consideró que además del impacto negativo por los hechos violentos, otro factor que inhibió a los visitantes, principalmente estadounidenses, fue el tiempo de espera para cruzar a su país.
Mencionó como prueba que durante 2007 se registraron 10 millones de cruces menos que el año anterior, y a pesar de ello los tiempos de cruce oscilaron entre las tres y cinco horas.
Cadena de corrupción
La propietaria de una herrería artística, ubicada en el kilómetro 29, señaló que los mismos clientes, en su mayoría estadounidenses, denuncian ser víctimas de extorsión policiaca en cada visita que realizan. Por si fuera poco, también dicen ser blanco de delitos como asaltos o robo de sus vehículos.
Los compradores fueron escaseando cada vez más y en su caso esta empresaria tuvo que despedir a la mitad de sus empleados y está próxima a realizar otro recorte de personal. La situación obligó a cerrar a 10 de 12 herrerías que se ubicaban en el bulevar Popotla, al sur de la zona urbana de Rosarito.
Al ver que la extorsión era inevitable, sus clientes, compradores de mayoreo, saben que tenían que perder al menos 300 dólares (más de 3 mil 200 pesos) que reparten entre las policía de Tijuana, Federal y los agentes rosaritenses, en los viajes de ida y vuelta de Playas de Rosarito.
Aunque la situación ha cambiado un poco desde que la policía municipal de Rosarito se encuentra desarmada por el Ejército —el 21 de diciembre pasado—, el impacto negativo ya se dio y la prueba está en las calles desiertas de Rosarito y Puerto Nuevo, dijo el encargado de un restaurante de este poblado, ubicado a unos 12 kilómetros al sur de la zona urbana.
Langostas sin clientes
La situación no es menos grave en Puerto Nuevo, especializado en la preparación de langosta. La corrupción policiaca alejó a los turistas que iban a buscar el platillo preparado con el estilo propio de la zona: con frijoles, arroz y tortillas de harina.
El encargado de uno de los negocios aceptó hablar a cambio del anonimato y refirió cómo la falta de clientes no sólo ha afectado a los propietarios, sino al personal que ha sufrido despidos o la caída de sus ganancias. Encima, el estado de la carretera no es el mejor y aunque constantemente se le hacen arreglos, los baches siempre aparecen.