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La Navidad ‘inyecta’ ánimo a Villahermosa

Lo que les quedó de casa está frente al río Grijalva amurallado de costales. En su patio sigue la basura; antes muebles. Está la lavadora, la sala, las camas, una cuna, una bicicleta y dos sillas sin respaldo en las que se sienta Valeria
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Cinthya Sánchez
El Universal
Domingo 23 de diciembre de 2007

cinthya.sanchez@eluniversal.com.mx

VILLAHERMOSA, Tab.— Lo que les quedó de casa está frente al río Grijalva amurallado de costales. En su patio sigue la basura; antes muebles.

Está la lavadora, la sala, las camas, una cuna, una bicicleta y dos sillas sin respaldo en las que se sienta Valeria, de cuatro años, y Josué, de cinco. Adentro, en uno de los cuartos está Jimena de apenas 10 meses, que ya camina y a la que le cuelga el pañal de tantas cargas sin cambiar.

También está Saúl, el cuidador de todos sus hermanos, con apenas siete años de edad. Están solos. Su papá es barrendero y su mamá la pasa consiguiendo una despensa en la Quinta Grijalva, para la cena de Nochebuena.

A esta familia no les quedó nada después de que el agua cubrió la casa. Tienen un televisor encendido con un capítulo de los picapiedra bebés y un ventilador que les regaló su primo. También una hamaca y tres colchonetas que se trajeron del albergue en donde estuvieron por tres semanas, lo demás es basura y viven con ella.

Consumismo

La gente “bien” de Villahermosa vive su Nochebuena y su Navidad aparte, pero se solidarizan. Algunas señoras no sólo llenan las tiendas de Galerías Tabasco y compran regalos como en cualquier otra parte del país en estas épocas sino que también juntan ropa, compran dulces y organizan posadas para los damnificados.

Están las que llevan fieltro, lentejuela y tijeras a los albergues y se ponen con los niños a hacer regalitos para los papás de los niños damnificados y también las que se ponen de mal humor porque no agarran lugar de estacionamiento en el Liverpool.

En las camionetas hay leyendas que dicen: “Yo —dibujo de corazón— a Tabasco. Más que nunca”. En las zonas residenciales parece que no pasó nada, hay arbolitos gigantes con miles de luces, Santacloses que se mueven de un lado a otro.

En Paseo Tabasco, la avenida más fashion de Villahermosa, los bares y restaurantes tienen mesitas en la calle llenas de jóvenes bebiendo vino o tomando café.

En las plazas y en el centro la gente camina con bolsas de compras. Llevan ropa, zapatos, cajas de celulares.

En la calle hay tráfico. En los restaurantes hay fiestas de fin de año de las empresas.

En los camellones cientos de puestos de piñatas. En el Centro se escucha mucho a K-paz de la Sierra o el reguetón de Nigga.

La gente compra. Trata de olvidar de recuperarse.

Aunque casi todos coinciden en que la vida les cambió después de las inundaciones, pero todos son optimistas, los ricos, los pobres, da igual, porque esos letreros luminosos que puso Andrés Granier, el gobernador, en las calles principales y que dicen “Felicidades. Tabasco de Pie”, igual los leen todos los tabasqueños.

Sin embargo, en otra calle de la colonia Gaviotas vive la familia Hernández.

Para Martha, esta Navidad será muy triste y le recordará las semanas que vivió en la desgracia. “No vendrá nadie de mi familia; a unos no los encontramos después de la inundación, y todas mis hermanos quedamos incomunicados”, agrega.

A ella el vale de 10 mil pesos que da Sedesol para la recuperación le alcanzó para una lavadora, una televisión y un DVD.



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