EJIDO FELIPE GALVÁN, Tab.— Apenas reacomodaba sus pertenencias que recuperó de la pasada inundación, cuando un mes después tiene que abandonar su vivienda ante la amenaza de sufrir nuevamente el embate de la corriente que desbordará el río Samaria, dice resignado José del Carmen Flores González.Aún está fresco en su memoria que el 29 de octubre pasado prácticamente fue expulsado por ese afluente que se salió de su cauce, tras recibir las aguas desfogadas de la presa Peñitas, pues las autoridades de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) consideraban en riesgo la infraestructura de la planta hidroeléctrica.
En esa ocasión, cuando Peñitas desalojó su embalse con la apertura de sus compuertas, inundó el hogar de don José del Carmen en más de un metro de altura.
Flores González refiere que la crecida del río fue tan rápida que ni siquiera le dio tiempo de salvaguardar la mayoría de sus enseres domésticos. La riada se registró sin previo aviso y sin que las autoridades estatales anunciaran un programa oficial de evacuación o desalojo ante la inminente inundación que dejó a más de un millón de damnificados en todo el estado.
Ahora, sí le ha dado tiempo al vecino de esta comunidad de construir un tapanco de casi dos metros de altura, ya que tomó como referencia el nivel que alcanzó el agua en el interior de su casa, donde colocó las cosas que logró alzar.
También con tiempo, ahora mientras viene la inundación anunciada, emigrará a la casa que tiene su hijo en una comunidad cercana, con quien posiblemente aproveche para pasar esta Navidad, comenta.
Se queja de que ni siquiera ha pasado el personal de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) para registrarlo en el programa de apoyo a enseres perdidos en la pasada inundación, “y ahora ya se nos viene otra vez el agua”.
El vecino de este ejido del municipio de Cunduacán, ubicado a dos kilómetros del río Samaria, recuerda que apenas el pasado 18 de noviembre retornó a limpiar su casa del desastre causado por el agua.
Don José del Carmen, quien este sábado ya tenía lo más elemental de sus pertenencias arriba del vehículo que lo trasladaría a la casa de su familiar, acepta que ahora las autoridades casi les han ordenado evacuar y salirse del poblado, pues no se permitirá que nadie se quede; a “donde puedan irse, pero que salgan de aquí”, les exigieron, relata.
Tampoco le permitirán, como en la ocasión anterior en que se inundó, que se instale en un terraplén en donde existen instalaciones del pozo petrolero Iride de Pemex, pues “allí la pase 15 días”, agrega.