JUCHITÁN, Oax.— La devoción hacia la Virgen de Guadalupe crece entre los indígenas zapotecas tras más de 50 años de peregrinación durante los primeros 11 días de diciembre, costumbre que trajeron los católicos del Bajío.Antes de 1950, la comunidad juchiteca concentraba su fervor hacia su santo patrón San Vicente Ferrer e incluso identificaba a las mujeres forasteras con la apócope de “Guada”, que las señalaba como adoradoras de la Guadalupana.
Ahora las peregrinaciones se han enriquecido con las aportaciones de los zapotecas, como la tirada de frutas a través del paseo de carros alegóricos y carretas ornamentadas por las calles, señaló el párroco Héctor Correo Guzmán.
En la víspera del Día de la Virgen de Guadalupe, los mayordomos de las festividades, como don Román López y su esposa Zoila Robledo, sacrificaron una res y ofrecieron a sus invitados el tradicional mole de amarillo.
Otros, como don Ricardo Castillo y doña Antonia Cruz, que formaron hace ocho años la sociedad de la Virgen Peregrina de Guadalupe, se preparan para ofrecer este 12 de diciembre tamales de cambray, refrescos y cervezas.
En la última peregrinación de ayer, que concentró a miles de juchitecos procedentes de todas las parroquias y capillas de la ciudad en la sede del santo patrón San Vicente Ferrer, estuvo presente doña Claudia Martínez y su hijo.
Representaciones
El pequeño Yosué Espinosa, de dos años de edad, representó, como muchos otros menores, la identidad indígena de Juan Diego, vestido con camisa y pantalón de manta.
Como él, miles de niños peregrinaron caminando o en brazos de sus madres, algunos de ellos llevando en sus espaldas pequeños petates con racimos de rosas o crisantemos dentro.
Otros, cargando en la espalda los canastos, tenates y huacales cubiertos de ajos, cebollas, zanahorias, pescados y camarones secos, con la vestimenta de los oficios de carpinteros, pescadores o de campesinos.
“No sé cuánto gasté, no hice una lista de precios, pero no importa, lo que vale para nosotros es la fe hacia la Virgen de Guadalupe”, explicó doña Zoyla Robledo, quien como mayordoma, incluyó 25 carretas en el convite de flores.