alberto.morales@eluniversal.com.mxVILLAHERMOSA, Tab.— El inicio de las fiestas decembrinas trajo a Villahermosa una atmósfera de tristeza, confusión y zozobra. El edén se “siente frío”, pese al intenso rayo solar que cae justo al mediodía. El termómetro marca 30 grados centígrados.
En comparación con años anteriores, los cuatro kilómetros del Paseo Tabasco que se llenaban con luminarias de piñatas y estrellas de Belén, que se encendían desde el inicio de este mes, junto a las series multicolores enredadas en los troncos de los árboles, en esta ocasión ni siquiera fueron instaladas.
La Quinta Grijalva, residencia oficial del gobernador Andrés Granier, que en la administración de Manuel Andrade abrió sus puertas para que los tabasqueños disfrutaran de la fastuosa decoración con luces y adornos navideños, continúa como un gran almacén, donde cientos de tabasqueños hacen filas.
El malecón Carlos A. Madrazo luce casi fantasmal y en los edificios de gobierno ni una esfera navideña han colocado. Tampoco los tradicionales nacimientos patrocinados por empresas y dependencias que se instalaban en los parques estarán presentes en esta fecha que, para muchos tabasqueños, es para el festejo.
Mientras, los grandes centros comerciales y las tiendas de autoservicio comenzaron su celebración, la de la mercadotecnia y que va de la mano del Santa Claus y los descuentos de temporada. Pero de acuerdo con algunos vendedores, “la situación es grave”, pues las ventas cayeron 50% en comparación con el año anterior.
Margarita Hernández, de la colonia El Bosque, busca unos adornos para su hogar en el mercado de Las Flores. “Villa está triste, se dice que viene una creciente fuerte y que la ciudad se volverá a inundar. Mire, casi no hay gente”, lamenta y agrega: “pero tenemos que salir adelante”.
Salvador May, que desde hace en un mes vive con su familia en el albergue de la Ciudad Deportiva, comenta con pesadumbre que ahí pasará la Navidad. “Qué vamos a celebrar, si no tenemos nada. Esta va a ser una amarga Navidad”, se lamenta.
María de la Cruz espera en una fila donde el Ejército reparte cloro y yodo a los damnificados. “Ya no queremos despensas de arroz y atún; que nos manden rompope y un pavo.