francisco.resendiz@eluniversal.com.mxVILLAHERMOSA, Tab.— Al medio día las campanas de Palacio de Gobierno tocan la melodía Blancas Mariposas. En ese momento un médico cubano sube con fuerza sobre una cubeta y coloca la bandera de su país en una ventana, después regresa a su puesto.
A unos metros, el secretario de Salud, José Ángel Córdova, realiza un recorrido por el corazón de la zona siniestrada por la creciente del río Grijalva. Se apresura. Pide cubrebocas. Entrega guantes de carnaza. Habla con los vecinos. Las cámaras lo persiguen.
“Esta es la tercera vez que ofrecemos ayuda al gobierno de México, en el anterior sexenio la ofrecimos en 2003 y en 2005, por las inundaciones en Chiapas, pero no nos respondieron. Esta vez la aceptación fue inmediata”, dice el doctor Rolando Piloto Tomé.
Es en la esquina de la calle Chocos Tabasqueños, frente al Centro de Salud Ocampo, en la colonia Gaviotas Norte. Hace un rato pasó por ahí el secretario Córdova y agradeció al médico cubano.
Una mujer se para en la puerta de su casa. Mete la mano derecha por una reja y ahí la descansa. Luego pierde la mirada. Se ve desolada. Su vecino del frente se molesta al ver a los extraños, lanza miradas fulminantes.
A casi tres semanas de la contingencia, Gaviotas aún mezcla los olores a muerte, tristeza y dolor. EL UNIVERSAL realizó un recorrido por estas calles. Frente a cada casa hay un montón de basura que se eleva casi dos metros. Es difícil esquivarlo. La zona evoca zonas devastadas por la guerra.
“El único que da la cara es el gobernador, de diputados y del alcalde nadie. Ojalá y se juntaran todos y pensaran en la gente, en que no somos sólo votos”, dice Armando Guzmán, un chiapaneco bajito que vive en el 306 de Pedro Gutiérrez.
Desde hace 18 días la desesperanza se vive con más intensidad en esta zona. La mayoría de los vecinos regresó pero sólo para echar a la calle todas sus pertenencias. Están podridas. “El riesgo de una epidemia no se ha salvado, las autoridades mexicanas hacen todo para evitarlo”, dice Piloto. “Nosotros somos autosuficientes para no distraer de sus labores al gobierno mexicano; somos 54 personas que participamos en esta labor humanitaria”.
Rolando Piloto es un hombre alto, de bigote. En su país trabaja en la Unidad Central de Cooperación Médica.
Los médicos cubanos se sientan en banquitos de madera que les prestaron para atender dentro de una casa. No tienen mesas. No posan para las fotografías. Trabajan en silencio. Atienden a la gente, sólo piden orden. Trajeron dos toneladas de medicamentos que entregan a la población, no restringen.
A unas calles está el mercado de Gaviotas. Ahí la gente está formada. Pasa el secretario de Salud con las cámaras y reporteros que lo siguen. La gente espera la ayuda.