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Muestran sorpresa porque inundación no tocó a reclusorio

En Villahermosa aún recuerdan que en 1999 hubo 11 muertos tras motín
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Roberto Barboza
El Universal
Martes 13 de noviembre de 2007

VILLAHERMOSA, Tab.— Protagonista de los motines que arrojaron 11 asesinatos en el penal de esta ciudad durante la gran inundación de 1999, el reo Bernardo Alejandro Burelo El Sabritas expresa su sorpresa de que en esta ocasión el Centro de Readaptación Social del estado de Tabasco (Creset) fue “respetado” por el agua, aunque quedó incomunicado.

El caudal de los ríos no alcanzó las instalaciones del penal localizado en la salida de la carretera Villahermosa-Frontera, al suroeste de la ciudad, debido a uno de los pocos diques de protección que funcionaron en el margen del río Carrizal, además de que la carretera impidió que llegara las inundaciones hasta el reclusorio.

El Sabritas, al igual que las autoridades, vigilantes, internos y familiares de los presos, se asombraron de que el penal que alberga a más de 2 mil presos, no fuera presa de las corrientes derramadas por los ríos que corren por la ciudad y sus alrededores.

Incluso, por estar fuera de la zona inundada, las instalaciones del Creset fueron utilizadas para albergar en el área de Visitas Conyugales a 146 adolescentes infractores, cuyo centro de internamiento quedó bajo el agua. Además, los reclusos realizaron una colecta en efectivo para apoyar a los damnificados y donaron al DIF-Tabasco 3 mil 850 pesos.

Aunque el caudal de los ríos no alcanzó las instalaciones del penal, toda la zona habitacional ubicada frente al Creset, al otro lado de la carretera Villahermosa-Frontera, fue cubierta por el agua derramada por los ríos Grijalva y Carrizal.

El Sabritas, considerado un interno peligroso y recluido en el área de máxima seguridad del Creset, recordó que durante los dos meses que vivieron inundados en 1999, estuvieron sin luz, agua y comida. Tampoco había vigilancia en el interior del penal, donde el agua alcanzaba los dos metros de altura. En esa ocasión el caos prevaleció en ese penal, y la situación se agravó cuando los reos penetraron en el área de juzgado y encontraron un almacén con machetes y licor con el que se emborracharon hasta que quisieron.

Luego, las bandas de El Sabritas y Los Pejelagartos protagonizaron reyertas y tomaron el control del reclusorio local, luego de varios enfrentamientos que causaron 11 muertos y decenas de heridos.

Los reos intentaron derribar las tres puertas de acceso al penal, y a pesar de que estaban selladas con soldadura, lograron derribar dos de ellas, pero la tercera resistió hasta que los presos fueron rechazados a balazos por los celadores.

Alejandro Burelo, de 32 años, otro de los reos originario de Comalcalco, recordó que durante esa inundación gran cantidad de internos dormían en el techo de los edificios.

En el polígono donde se ubica el Creset, lo ocupa ambién la Ciudad Industrial, que igualmente se libró del agua.

En esa ocasión también los familiares de los reos impidieron al personal de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) extraer el agua de una subestación de la red eléctrica localizada frente al reclusorio, porque pretendían bombearla hacia las instalaciones del penal.

El comandante de celadores, Samuel Landero Ulín, quien en 1999 era celador de primera, comentó que en esa inundación, la última vez que entró al reclusosrio para cubrir su servicio en el área de reos, en el torreón cuatro de sentenciados, “iba con el agua al cuello”. Posteriormente tuvieron que realizar la vigilancia desde el exterior, en el área perimetral.

Landero Ulín narró que esa vez un grupo de 14 reos que huía de otros que los querían matar, subieron a un torreón de 20 metros de altura y desde allí se lanzaron, algunos de ellos se fracturaron los pies, otros amortiguaron el golpe al caer en el agua.

Ahora, con lo que vivió gran parte de Villahermosa desde el 29 de octubre pasado, los reos, celadores y autoridades temían que volviera a ocurrir lo mismo en el penal.

Para ello, las autoridades ya tenían preparado un plan de evacuación de los internos, aseguró el director del penal, Marco Antonio Rodríguez Galindo. Antes de la emergencia se tomaron medidas preventivas, como el limpiar y desazolvar el drenaje, se instaló un equipo de bombeo sumergible y una planta eléctrica.

El único inconveniente que enfrentó esta vez el penal, fue el de quedar incomunicado, pero los alimentos, agua y el traslado de reos se efectuaron con el apoyo de la Marina.



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