CANCÚN, QR.— La ola de damnificados que ha comenzado a abandonar Tabasco, luego de los desbordamientos de ríos que dejaron a millares de personas sin casa, trabajo y bienes, podría ser considerada uno de los primeros ejemplos en México de lo que se conoce como “refugiados ambientales” o ”migrantes climáticos”, indicó el premio Latinoamericano de Divulgación Científica, Juan José Morales.Señaló que, pese a que en dicha tragedia hay un componente de negligencia humana, la población residente de Villahermosa, Tabasco, fue víctima de un desastre natural, que ha comenzado a orillar a decenas de personas a dejar el territorio para refugiarse en estados vecinos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) define a los “refugiados ambientales” o también llamados “migrantes climáticos”, como aquellos individuos que se han visto forzados a dejar su hábitat tradicional, de forma temporal o permanente, debido a un trastorno ambiental, ya sea a causa de peligros naturales, como sequías, inundaciones o huracanes, o provocados por la actividad humana, como proyectos industriales que suponen peligros a la salud o seguridad.
“De acuerdo con esa definición, sí podríamos decir que quienes están dejando Tabasco pueden ser considerados ‘refugiados ambientales’, porque si bien hubieron factores humanos que agravaron la tragedia, ellos fueron víctimas —esencialmente— de una situación derivada de la naturaleza; es decir, perdieron su casa, su trabajo y sus bienes por causa de un acontecimiento ambiental”.
‘Marea’ de migrantes
Conforme a estimaciones de la Secretaría Estatal de Desarrollo Económico (SEDE), en los próximos días se espera el arribo de entre 60 y 100 mil tabasqueños a ciudades como Cancún y Playa del Carmen —en los municipios de Benito Juárez y Solidaridad—, quienes vendrán en busca de trabajo y residencia permanente.
Esta “marea” de migrantes generará una fuerte presión laboral y social en ambas ciudades, la cual será difícil de cubrir, consideró el secretario de Desarrollo Económico, Víctor Alcérreca.
En ese mismo tenor se han pronunciado autoridades municipales y líderes empresariales, quienes han hecho pública su preocupación por las repercusiones que tendrá en la economía el éxodo de tabasqueños.
Incluso, el procurador de Justicia de Quintana Roo, Bello Melchor Rodríguez y Carrillo, dijo que el tema es inquietante, toda vez que el mayor índice de conductas delictivas es encabezada por ciudadanos de Tabasco que viven en la entidad o que están de paso por el territorio.
‘Norte’, poco común
En términos meteorológicos, Juan José Morales manifestó que el norte que provocó la presencia de las lluvias que incidieron en el desbordamiento de dos grandes ríos en la entidad vecina, no fue común.
“En los nortes se llegan a presentar vientos huracanados, arriba de los 120 kilómetros por hora, pero esto no sucede en todos los nortes. Lo que quiero decir es que ocurre que se den nortes muy violentos, pero no es lo común”, expresó.
Morales destacó que aunque muchas de las tragedias ambientales que han comenzado a verse y que se padecerán en los próximos años son atribuibles al cambio climático, “tampoco se le debe usar como chivo expiatorio ni tenderlo como una cortina de humo” para ocultar la negligencia humana o la carencia de prevención.
“No podemos olvidar que detrás del calentamiento global, está la mano del hombre, que lo mismo deforesta, que contamina o eleva los índices de gases de efecto invernadero; eso provoca el aumento de la temperatura, pero también hay otro componente, que es el de la negligencia.
“O sea, en el caso de Tabasco es cierto que la naturaleza jugó un papel importante, pero al parecer también hubo otros factores; se habla de la desaparición de recursos para obra hidráulica, lo cual pudo haber prevenido las inundaciones”, abundó.
Lo sucedido en la entidad vecina —afirmó— debe ser un ejemplo para Quintana Roo y, en general, para todas las zonas costeras de México, que deben comenzar a trabajar ya en las medidas de adaptación.
“Hay muchos fenómenos que nos vienen: erosión costera, elevación del nivel del mar, sequías. Adaptarse significa prevenir, no podemos estarnos encomendando únicamente a Dios.
“Particularmente para Quintana Roo creo que se tiene que poner especial atención en la zona costera. Cancún debe hacerlo porque ahí vive el grueso de la población del estado, pero también ahí está fincada la actividad económica, la infraestructura turística”, subrayó.
Sucede que el territorio del estado se compone de costas bajas y arenosas, y de un tipo llamado “islas de barrera”. Cancún en sí, es una isla de barrrera, es decir, una franja arenosa paralela al mar, que detrás tiene lagunas y pantanos.
“Estas franjas se formaron hace 20 mil años, después de la última glaciación. Nosotros estamos viviendo en islas que están en proceso de desaparición, porque Cancún es una de esas islas. Eso nos debería estar motivando desde ya para hacer algo”, concluyó Juan José Morales.