VILLAHERMOSA, Tab.— Para centenares de familias que se negaron a salir de sus casas, o para quienes les resulta imposible trasladarse a otro lugar, la tarea de los pilotos de helicópteros se ha vuelto la única alternativa para recibir la asistencia en estos momentos de crisis.A fin de recibir las naves, las despensas, el agua y las medicinas, tumban árboles, liberan un pedazo de tierra y en un circulo de unos cuatro metros de diámetro pintan con cal la letra A, tan grande como su ansiedad.
Es su señal, así esperan que los helicópteros aterricen en Quintanilla, una comunidad que en su vida había escuchado el ruido de un helicóptero tan cerca.
“Los helicópteros significan rescate, la gente los relaciona con eso, porque los aviones y naves grandes no pueden aterrizar aquí y saben que traemos ayuda”, dice Juan García, piloto del gobierno de Puebla.
Juan es uno de los héroes de esta historia llamada desastre en Tabasco, es de los que transportan mayor numero de toneladas a las comunidades alejadas de la ciudad todos los días. No se regresa a su hotel hasta que cumple con las 14 toneladas diarias que reparte entre los municipios de Tabasco.
En algunos sitios ya lo conocen bien, porque es el que resuelve las peticiones.
Cada vez que llega por primera vez a una comunidad, la gente le pierde el miedo a las aspas, levanta los brazos y espera su bolsa con comida y ropa o cobijas.
Juan García sabe pilotear a ras del agua. Así ha llevado alimentos a la mayoría de la gente. Es de los que si va por primera vez, anota en su bitácora que necesitan y si va por segunda ocasión, lleva soluciones, como los pañales de una persona adulta, la leche que demanda una madre para un bebe de meses o las toallas sanitarias de un grupo de jovencitas de Centla.
En los lugares donde se puede aterrizar, a veces recibe cartas de peticiones. “Por favor, me alivie ayer y necesito ayuda, agua, mamilas, pañales, ropa”.
En los sitios donde no puede aterrizar y maniobra el helicóptero, la gente después de cachar las bolsas le agradece aventándole camarones gigantes. “Ayer nos aventaron como un kilo y nos los llevamos al hotel para que nos los prepararan al mojo de ajo”, dice uno de los paramédicos que forman el equipo del capitán Juan.
Pero el capitán tiene historia en Tabasco, a pesar de que trabaja para el gobierno de Puebla, nació y creció en una casa modesta del estado ahora inundado. “Por eso vengo con más ganas y hago hasta lo imposible por ayudar a mi gente”.
A nueve días de que comenzara este viacrucis para los tabasqueños, el capitán Juan García y su tripulación son de los pocos helicópteros que aún están en la Ciudad Deportiva, convertida en helipuerto, y hace mancuerna con los helicopteristas que mantienen aquí los gobiernos del estado de México y de Nuevo León.
Todos los demás se han retirado. Así que a los municipios difíciles de accesar, sólo les queda esperar a Juan García o a los otros pilotos que se atrevan a hacer maniobras en el aire con tal de ayudar a la gente, porque los de la PFP, la Marina y la SSP-DF no bajan a donde no pueden aterrizar. Tal vez por eso, en Centla ya hay un letrero enorme escrito en el techo de una escuela que dice “gracias Puebla”.