alberto.morales@eluniversal.com.mxVILLAHERMOSA, Tab.— La gran cantidad de basura y los cuerpos de animales que flotan en las aguas estancadas despiden nauseabundos olores que se respiran en el centro histórico y en la zona sur de esta ciudad, donde hay temor entre la población por el riesgo de que se originen enfermedades.
Mientras se bombea el agua del interior de las casas y calles hacia el río, a una semana de la inundación más grande en la historia del estado, la pestilencia infesta el ambiente.
Priscila Sánchez, empleada de una tienda ubicada en el área céntrica de Villahermosa, dice que desde que empezó a bajar el agua turbia huele a basura echada a perder y esa pestilencia se ha concentrado en las calles que rodean el malecón Carlos A. Madrazo.
En la colonia Gaviotas, una de las más afectadas por el desbordamiento del cauce del Grijalva, el fétido olor es insoportable. Bolsas con desperdicios, botellas de plástico, cartones, pedazos de madera y láminas con chapopote se arremolinan en las salidas del agua que buscan su salida natural.
Los cuerpos inflados de perros, gatos, ratas, gallos, guajolotes e incluso cerdos, flotan entre las calles que ahora parecen canales de aguas negras. Hasta el centro de Villahermosa llega la peste. Cruzar por el puente Solidaridad hacia Las Gaviotas hace toser por las náuseas que provocan la pestilencia.
Los que tienen que pasar por ese lugar en busca de una despensa a la Quinta Grijalva —residencia oficial del gobernador del estado—, o que van a sus hogares por ropa, documentos oficiales o simplemente para revisar el estado en que se encuentra su casa, dicen que el hedor no se puede aguantar.
Laura Linar, dedicada a vender queso en Gaviotas sur, dice que el olor es “insoportable, y huele a cosa putrefacta. En el agua hay cadáveres de aves, cerdos, ratas y todo en descomposición”.
Con el descenso del agua, colonias como Gaviotas sur y norte; La Manga I, II y III, Monal, Torno Largo, Indeco, y más dentro de la capital y la periferia sufrieron anegaciones y ahora presentan un foco de riesgo por las infecciones a las que está expuesta la población.
Yolanda Molina, de Gaviotas norte, dice que hay partes donde no llega tanto. “Lo malo es cuando uno tiene que pasar por donde están los animales, no se soporta. Hoy (ayer miércoles), que está fuerte el calor, es una cosa horrible”.
En el camellón Luis Donaldo Colosio, donde el agua todavía llega al primer nivel de las viviendas, entre los desperdicios hay perros ahogados que, inflados por el sol, flotan y chocan con los zaguanes de las casas. En un principio huele como a carne descompuesta, pero al acercarse más, “pa’su madre hasta lo hace toser”, asegura Jorge Rosario, lanchero originario del municipio de Paraíso, quien hace una semana vino para ofrecerse de voluntario.
“Eso no es nada, nomás que baje el agua y pos a lo mejor se encuentran muertos que no pudieron salir de su casa”, comenta.
Aunque muchos de los vecinos de Las Gaviotas que viven en las azoteas utilizan el agua de estos canales negros, explican que “sólo es para el sanitario”.