VILLAHERMOSA, Tab.— Con el llanto reprimido, don Asberto Margarito Gutiérrez se encoleriza al relatar que de nada les sirivió que junto con sus vecinos lucharan durante tres días y noches reforzando los diques para que no se desbordara la corriente del río Grijalva.Don Asberto, es uno de los habitantes de la colonia La Manga I, cuya vivienda, al igual que miles de casas asentadas en las cercanías del Grijalva, quedó sumergida bajo tres metros de agua.
Con domicilio en la calle Uno, número 216, a este damnificado le causa “tristeza” el haber perdido todo el patrimonio que le costó años levantar con esfuerzo.
Lo que más le enoja, dice, es que el río nunca les pudo vencer por el muro que con sus vecinos cuidó y reforzó, minuto a minuto, en el malecón Leandro Rovirosa Wade. “Nos inundó el agua que entró por atrás, nos agarró totalmente desprevenidos”.
Las palas, los costales y la arena que se utilizaba para reforzar el dique cada que se registraba una filtración o para elevar su altura, allí quedaron tirados, al momento de salir todos corriendo a sus casas cuando el agua llegó por la parte trasera de la colonia. “Nos agarró por atrás”, dice Don Asberto.
Recuerda que la tarde del 30 de octubre el agua subió en 30 minutos y en 45 minutos ya todo estaba inundado. Todos quedaron atrapados y no les dio tiemo de salir. Fue hasta el día siguiente que contrató una lancha para evacuar a su familia. Esa noche, sin luz y la casa anegada, nadie pudo dormir.
Como previsión, don Asberto y su familia sólo habían levantado sus cosas hasta un metro de altura, pues no se imaginaban que, en dado caso, les entrara tanta agua.
Sin embargo, el líquido barrió con vehículos, estufa, computadora, sala, lavadora. “Pérdida total”, resume al recordar que esa tarde y noche sólo escuchaba como la corriente en el interior de su casa, tiraba todo lo que estaba guardado.
Margarito Gutiérrez expresa que para construir el dique de costales con arena, al principio llegaron los soldados de la Sedena a ayudarles, pero tres días antes se fueron “a defender el centro” de esta capital, y sólo los vecinos se encargaron de “cuidar la plaza”.
“Todos estábamos concentrados en el muro. Sí se abría un hueco, rápido todos corrían a colocar sacos para reforzar”, pero todo fue en vano.