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Quinta Grijalva, el albergue más solicitado

Quinta Grijalva, el albergue más solicitadoQuinta Grijalva, el albergue más solicitado
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Alberto Morales
El Universal
Miércoles 07 de noviembre de 2007

alberto.morales@eluniversal.com.mx

VILLAHERMOSA, Tab.— Es el corazón que mueve a Tabasco, donde se concentran todos los días unas 80 mil personas en busca de una despensa, que para muchos es todo su patrimonio.

La Quinta Grijalva, residencia oficial del gobernador Andrés Granier Melo, es el albergue más solicitado y el centro de acopio que suministra víveres a los miles de damnificados por las inundaciones.

Sus bellos jardines, rebosantes de palmeras y árboles tropicales almacenan toneladas y toneladas despensas en bolsas de plástico, armadas de día y noche por un ejército de voluntarios que llegan de los municipios más apartados del estado y por trabajadores estatales.

A las tres de la tarde, la Quinta huele a frijoles refritos, barbacoa, tamales, tortillas recién hechas. En la cocina de la residencial oficial se prepara comida todo el día, dice Antonio González, director administrativo de la Quinta Grijalva.

“A ver, ustedes, vamos a barrer, ustedes cambien de puesto para que los voluntarios se vayan a comer”, ordena el tabasqueño, mientas coordina la entrada de dos camiones repletos de agua embotellada.

En la propiedad, construida por Francisco J. Santamaría, cuando fue gobernador en el sexenio 1946 a 1952, se habilitaron tres espacios para unas mil personas.

En la zona conocida como La Palapa, donde el gobernador recibe a su gabinete, se instaló el primer albergue, pero desde el domingo pasado funcionan como dispensario médico para atender a mujeres embarazadas, ancianos y niños. Junto a la blanca mansión estilo art déco, abajo en una hondonada, se dispusieron dos “dormitorios” más.

El primero es una gran carpa en medio de los jardines donde los damnificados conviven entre pavoreales y faisanes que pasean entre niños, dedicados a jugar futbol para distraerse. El segundo se dispuso en “el cine”, una sala cinematográfica con alfombra y a aire acondicionado.

“Se está muy bien aquí, perdimos todo y pues tener donde dormir, es una ayuda”, comenta Amelia Hernández, rescatada de la ranchería Bocanera. Recostada, cuidando a su pequeñita, comenta que lo único malo es que “en el cine” apagan la luz a las ocho de la noche, para ella es muy difícil preparar la leche de su niña en la oscuridad.

Ashanti Fons, de la oficina del gobernador, dice que desde que comenzó la contingencia “no hemos descansado, esto parece que no va a terminar, pero no podemos dejar a la gente sin comida ni agua. Aquí quien trabaja no siete el cansancio”.

Ríos de gente pasan hasta de ocho horas formada para conseguir una despensa. Fernando Solís dice que viene desde Nacajuaca; perdió su casa, su ropa, sólo pudo sacar una muda. “Necesito leche y pañales para mi niña, no importa que pase hambre y el sol me deje chamuscado, tengo que regresar para con mi niña”.



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