cinthya.sanchez@eluniversal.com.mxVILLAHERMOSA, Tab.— Tienen uno, dos o tres días de vida. Sus chambritas son prestadas. Duermen en colchonetas que reposan en el suelo. Algunos comen del pecho de la señora de a lado porque el de sus madres no da leche y no hay biberones. De cremitas, pomadas, aceite y cepillito no se sabe nada. Tienen apenas pañales, una playerita, un pantalón y el apoyo médico de los albergues.
A la bebita de Claudia no le ha tocado estrenar ropa. Posee tres camisetas y un pantalón y eso es lo que su madre más lamenta. “No me dolió perder mi cocina entera, tampoco mi sala, menos la televisión, lo que realmente me duele es que mi bebé no estrenó sus regalitos”.
Antes de que su casa se inundara, Claudia tenía los vestiditos y trajecitos colgados en pequeños ganchos en el clóset, los miraba todos los días e ilusionada imaginaba cómo se vería con ellos su hija. Cada detalle estaba supervisado por ella, ya tenía la sillita mecedora, las mamilas, el esterilizador y la ropita.
En el albergue la acompañan sus hermanas pequeñas y su esposo. Las hermanitas son prestadas y están con ellas por coincidencia; la tarde en la que su colonia se inundó, las dos pequeñas estaban de visita en su casa. Ahora no las puede regresar porque sus papás están atrapados en el segundo piso de su casa y tampoco las puede llevar porque eso de transportar a un recién nacido en lancha sobre aguas negras y ratas muertas no es lo ideal para su hija.
La bebé nació en el Hospital de la Mujer y la cuenta salió gratis, porque Aldo, el papá de la bebé, caminó la madrugada del parto con el agua hasta la garganta y se metió a la casa a buscar la tarjeta del Seguro Popular. “La encontró con la ayuda de una vela, lo hizo rápido más por el miedo a los lagartos que porque urgiera el documento”, confiesa.
El bebé de Marisol tiene un día de nacido, ayer lloró toda la noche de hambre. Su madre no lo puede amamantar pues no tiene leche y tampoco le han conseguido una mamila. Él sí tiene un lugar seco a donde ir, pero los caminos para llegar están bajo el agua. Así que ella se recupera de la cesárea en el piso mientras espera a que su marido regrese de trabajar.
Son seis bebés los que comparten albergue en el salón número 4 de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Tabasco. Desde ahí despacha Silvia Robles, la secretaria de Salud del estado. Dice que el “operativo embarazadas” marcha bien; calcula que por lo menos hay 300 embarazadas damnificadas.
“El 25% de quienes esperan un bebé están en los últimos 15 días de gestación, así que todas ellas estarán en este albergue para salvaguardarlas”, dice.
En el refugio esperan a 19 niños por nacer. Lo harán en el Hospital de la Mujer y después no tendrán visitas, tampoco regalitos y mucho menos una cuna o tina de baño. Por lo menos hasta que baje el agua negra de sus casas.