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Dicen conocer la ayuda, pero sólo por televisión

Dicen conocer la ayuda, pero sólo por televisiónDicen conocer la ayuda, pero sólo por televisión
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Alberto Morales
El Universal
Domingo 04 de noviembre de 2007

alberto.morales@eluniversal.com.mx

CUNDUACÁN, Tab.— Rodeadas por el agua, alrededor de 300 familias de la ranchería Huapacal viven en la zozobra sobre asfalto de un camino ejidal, sin comida ni agua potable y con el riesgo de contraer infecciones por el contacto de agua contaminada por animales muertos.

En esta zona, que se dedica al cultivo de plátano y a la cría del ganado, la ayuda del gobierno estatal llega a cuentagotas. “Sólo se conoce por las imágenes de la televisión”, dice Juana Pérez, damnificada de esta ranchería, que agrega que ni el Ejército o Protección Civil estatal ha visitado esta zona anegada.

Para poder entrar a la ranchería hay que rodear 20 kilómetros por la carretera Villahermosa-Cárdenas hasta el puente Samaria, llegar a la cabecera municipal y cruzar por una vereda, pues la autopista esta “quebrada", advierte un elemento de la policía federal que impide el paso a todo los vehículos.

Con hules y carrizos los habitantes improvisaron unas chozas donde desde el martes pasado duermen y cocinan.

Como patio tienen las aguas del arroyo Escopeta, un brazo del río Carrizal, desbordado y cuyas aguas cubren metro y medio de sus casas.

“Aquí nos estamos organizando para poder pasarla, mientras las aguas bajan. Mire, ya hicimos arroz y frijoles, esa será nuestra comida, pero para mañana Dios dirá”.

Como muchos otros tabasqueños prefieren arriesgarse a que una culebra los muerda o que los lagartos ronden sus improvisadas moradas, pues, como dice doña Juana, “lo poquito que aiga, no lo podemos dejar perder”.

“En el albergue del PRI hay como 200 personas, pero está uno mejor acá, cerca de su casa”, señala Alfonso Sánchez, hundido en el agua que le llega hasta el pecho.

Trae consigo unos plátanos verdes que fue a cortar donde antes era su platanar y ahora quedó cubierto por las aguas. Dice que si puede los venderá, “pos no tenemos ni un peso o no los comemos”.

A Carlos, que trabaja como peón en la zona, dice con preocupación que el viernes un doctor les advirtió que no dejaran a los niños bañarse en las aguas del Carrizal.

“Hay ganado muerto, el jueves por la carretera no se aguantaba la apestadera, y pos yo tengo dos chiquitos, gracias a Dios no se nos han enfermado, pero allá más adelante hay una niña con hasta calentura”, comenta.

Entre la zozobra y la desesperación, entre los jóvenes del Huapacal la suerte se juega a “machetazo a caballos de espadas”, mientras otros sufren por la escasez de agua y comida, aquí cuatro jóvenes pasan en tiempo jugando cartas “a 20 pesos la mano, quien no pueda que se salga”, dice uno mientras barejea un mazo de cartas.

En la entrada de la autopista, un grupo de pescadores aprovecha la creciente del río para pescar mojarra. “Aunque estuviera el río lleno de reses muertas, tenemos que llevar algo para la casa”, afirman.



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