Buscar en:
 
Atrapados en sus hogares

Atrapados en sus hogaresAtrapados en sus hogares
- A   A   A +

Roberto Barboza
El Universal
Miércoles 31 de octubre de 2007

RANCHERÍA LA MANGA, Tab.— Sin dormir nada durante toda la noche del lunes con el fin de poner a salvo sus pertenencias en vigas y en tapancos, don Román Villegas Hernández se vio forzado a salir hasta anoche de su domicilio, cuando ya no podía hacer más. Lo hizo por sí mismo y en un “cayuco”, pues nunca llegaron a auxiliarlo ni los soldados ni los marinos, ni el personal de Protección Civil.

En esta comunidad aún siguen en sus casas inundadas dos centenares de habitantes, quienes tuvieron que subir a las plantas altas o en los techos de sus viviendas. El agua llega por abajo y por arriba, debido a la inundación y a que no les ha dejado de llover desde el domingo.

Todos los que se quedaron iban a dormir rodeados de cocodrilos y nauyacas —reptil altamente venenoso—, alerta don Román, de 52 años, y a quien ahora le toca vivir una de las inundaciones que más rápido anegó las viviendas.

En comparación con la “creciente” del año de 1999, que casi tardó 10 días en llegar y les dio tiempo de salvar el patrimonio doméstico, ahora en cuestión de horas el agua subió 1.50 metros, relata.

Con el semblante ensombrecido, comenta que muchos de sus vecinos permanecen en sus casas atrapados, ya que la carretera quedó bajo el agua y los vehículos para sacar sus cosas no pudieron entrar.

Sólo con un camión con llantas altas, como los del Ejército o en lanchas grandes, podrían evacuar a la gente de esta comunidad, que también se niega a abandonar sus viviendas por temor al pillaje.

Hasta las 19:00 horas de ayer, cuando el viejo pescador salió de esta ranchería, ningún policía se había asomado a este lugar, localizado a unos cuantos kilómetros de Villahermosa y a unos pasos del bulevar al aeropuerto.

“Si esto pasa aquí, imagínese en esas comunidades que están refundidas”, indica.

“La CFE ni sus luces apagó”

Ni siquiera la Comisión Federal de Electricidad (CFE) cortó el fluido, a pesar del peligro que representa el que un cable pueda tocar el agua.

Sin embargo, Villegas Hernández considera positivo que tengan luz sus vecinos en sus domicilios anegados, ya que así podrán ver a las venenosas víboras que buscan los lugares secos o meterse entre los cartones de la ropa.

Casi todas las copas de los árboles están llenas de nauyacas, y relata que ayer un lagarto merodeaba algunas casas.

Al recordar la “creciente” de 1999, año en que por primera vez se abrieron las compuertas de la presa Peñitas, afirma que ahora en que por segunda ocasión soltaron el agua de esa hidroeléctrica, les llegó de golpe y fuerte.

“El domingo el agua anduvo merodeando despacio en los patios y ya cantábamos victoria de que no iba a entrar a las casas. Pero luego llegó con intensidad. A las 23:00 horas del lunes empezamos a movernos. Iba creciendo rápido. No dormimos toda la noche subiendo, alzando y salvando las cosas hasta las 6:00 horas del martes”.

Algunas casas tienen hasta 2.50 metros de agua, “están hasta el cabellete”, narra el viejo pescador, acompañado de su yerno Carlos Mario Ruiz Castro, quien a pesar de no dormir, a las 6:00 horas de ayer se fue a trabajar y tuvo que pelear con su patrón de la constructora Santandreu, porque no le quería dar permiso para ir a desalojar a su familia. Finalmente se fue, aunque lo amenazaron con descontarle el día.

Relata que sus tres hijos durmieron en una cama que levantaron hasta un metro de alto, sobre maderas, mientras él y su esposa ataron un colchón a las vigas y subieron todo lo que podían.



Home   >   Los Estados

 

El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL