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...Y muchos no quisieron salir a votar

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Jorge Octavio Ochoa
El Universal
Lunes 08 de octubre de 2007

jorge.ochoa@eluniversal.com.mx

OAXACA, Oax.— A un año del estallido social, la calma regresó pero en forma de indiferencia. Libres las calles de barricadas y las carreteras transitables en su totalidad, aun así muchos prefirieron no salir a votar.

Solamente son los partidos y sus estructuras en una sorda lucha de movilización y de acarreo. Aquí no aparecieron integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), ni de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

La confianza en los partidos está vulnerada. Son insistentes las versiones de incidentes y violencia... Reporteros, fotógrafos y camarógrafos buscan “la nota” por toda la ciudad, pero en la capital y municipios conurbados no pasa nada, todo es falsa alarma. La gente deambula por las calles en completa calma.

En la plaza del Valle, familias enteras ven con curiosidad la presencia de militares y policías estatales que acuden a llamados anónimos.

Pero es tal la incredulidad de los ciudadanos que prefieren atiborrar las 10 salas de cine existentes en la localidad, los centros comerciales, las salas de juego y los restaurantes para ver el futbol.

Pocos se enteran de una falsa alarma de bomba, los militares inspeccionan el lugar sin desalojos. La guerra es en el papel, en zonas remotas —a cuatro, seis, ocho horas de esta capital— y donde los partidos son la única “fuente” de información.

Incidente de madrugada

En la tristemente célebre Santa Lucía del Camino, donde hace poco menos de un año el periodista Brad Will murió de dos balazos, a las 5:00 de la mañana del domingo se registra un nuevo incidente: la casa de campaña del candidato perredista a la alcaldía, Roque Reyes, amanece con cuatro impactos de bala, pero nadie sabe cómo ocurrió.

Con desgano, una mujer, al paso, responde ignorar qué sucedió. “Dicen que tirotearon al candidato, pero la verdad yo no oí nada”.

—¿Vino la policía?

—Pues yo no vi ninguna patrulla.

Un hombre en la casa de campaña confirma: “No, no ha venido la Policía Ministerial”.

La puerta del inmueble luce ahora los cuatro orificios, casi a ras del piso —a 60 centímetros de altura— y el rebote de una esquirla, pegada como botón en una mampara de fotografías a metro y medio de altura. Es la única evidencia; los perredistas aseguran: fueron “los del PRI”.

En Xoxocotlán, la tarde cae luminosa, el sol funde y la gente ya ni se acuerda del ex alcalde Roberto Molina (PRD), depuesto por revocación de mandato a raíz desvío de recursos, y quien quiso postularse después por otro partido. Hoy los gobierna otra perredista, Sandra Eugenia Ramírez Flores.

La gente acude en grupos a votar. En una calle aledaña al zócalo un sujeto anota nombres en una hoja.

Luego, los votantes se escabullen en cuanto ven las cámaras y se pierden por callejuelas, mientras los pequeños grupos se dispersan. Los operativos cazamapaches no funcionan. Ahí va ganando el PRD.

Al caer la tarde, en Xoxo se registra otro incidente, cuando los directivos de casilla intentan subir la paquetería en dos vehículos. La gente los rodea. Hay jaloneos, discuten y todo queda en un mal entendido.



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