MONCLOVA, Coah.— “Veníamos agarrados de la mano y ahora no se dónde está, ni qué le pasó”, balbucea Apolonia Ramos Gutiérrez. La mujer, internada en un hospital donde convalece de múltiples fracturas, tiene un dolor más grande que los golpes e ignora el paradero de su esposo, Francisco Javier Campuzano.La noche del pasado domingo, el matrimonio acompañado de sus tres pequeños hijos y una hermana de la señora Apolonia circulaba por la carretera.
Va cayendo la tarde del lunes, han transcurrido casi 24 horas del accidente, y Apolonia Ramos dice que siente que ha pasado una eternidad. Cierra los ojos y vuelve a recordar esos momentos alegres que vivió el pasado domingo: “Veníamos agarrados de la mano”, “veníamos de visitar a unos familiares en Sacramento”, “veníamos felices con los niños, a los que gracias a Dios no les pasó nada”.
Apolonia presenta fractura de cuello, una mano quebrada y le suturaron una herida en la cabeza; su hermana Luz María Guadalupe, fue trasladada a Saltillo porque tiene un coágulo en el cerebro y se estaba desangrando por dentro.
Más tarde, el procurador General de Justicia del Estado (PGJE), Jesús Torres Charles, dio a conocer la lista de los 28 fallecidos en el fatal accidente donde aparece Francisco Javier Campuzano.
Historias como ésta, ayer se vivieron por decenas en este municipio, a unos 250 kilómetros al norte de Saltillo, la capital.
Fidencio Barrón, padre de José Fidencio Barrón Ceniceros, del ejido El Águila, municipio de Nadadores, busca afanosamente a su hijo; “yo lo vi tendido en el piso, le quité las llaves de la camioneta color naranja y cuando regresé por él ya no estaba y no aparece”, decía desesperado el hombre mientras se afanaba por hallarlo.
El proceso de reconocimiento fue prolongado, aunque poco a poco las familias se empezaron a consolar al recuperar los restos de sus seres queridos para darles sepultura y poder vivir su duelo.