EJIDO CEPEDA PERAZA, Yuc.— Al sur del estado y sobre el cerro que rodea al municipio de Tekax, esta pequeña comunidad de campesinos enfrenta el mayor drama de los últimos años, sólo comparable con el paso del huracán Isidore en 2002.En esta ocasión, con Dean perdieron las 40 hectáreas de maíz que estaban a punto de cosechar y para volver a sembrar deberán esperar cuando menos tres meses.
Unas horas despues del embate del huracán en Yucatán, cuyos vientos y lluvias castigaron al sur del estado, aquí la mayoría de los campesinos ya estaban pensando en emigrar: solo faltaba definir si irían a Mérida o a Cancún, Quintana Roo, en busca de empleo.
Alejandro Chi Ek, de 51 años, productor de toda su vida, veía con nostalgia como el maíz que sembró con tanta dedicación en siete de las 17 hectáreas de su propìedad, fueron destruídas por los vientos del meteoro y junto con su esposa, Virginia González, discutía sobre lo que debían hacer ahora. Esperar la ayuda oficial o emigrar para aguantar los próximos meses.
La pareja, cuya unión no ha sido legalizada, tendría que decidirse rápido —hoy viernes—, pues tienen seis hijos, dos de ellos ya trabajan en el municipio de Tekax, pero los otros aún dependen de sus padres.
Chi Ek ha sido carpintero y albañil en Cancún, Quintana Roo. “Trabajé en 2003 en una constructora de Cancún, luego que perdí mis siembras con el huracán Isidore“, relató.
Sin embargo, regresó dos años despues y volviò a empezar con la siembra de maíz y papaya maradol, productos que comercializa en el sur del estado y que son suficientes para que su familia sobreviva.
Ninguno de sus miembros desearía abandonar el ejido Cepeda Peraza. “Aquí se vive tranquilo, son pocos los que se emborrachan, sólo cuando bajan al pueblo principal y nadie roba nada. Mi hijo deja abandonada su bicicleta en el parque y a la mañana siguiente, cuando vá a buscarla, ahí está, todos nos conocemos”, asienta doña Virginia González, mientras hacia elote sancochado (cocido con sal) para vender y contar con unos centavos.
El maicero Chi Ek, dijo que la madre naturaleza parece ensañarse con todos ellos. “El maíz es como nuestra moneda, sino tenemos no comemos”, dice.
Asimismo, adviete que si hay empleo temporal para los productores, va a estar “muy peleado y no le va a tocar a todos”. Así, planea emigrar temporalmente y enviar dinero a Virginia y a sus hijos.
Ella no quiere que se vaya. “No me gusta vivir sola, cuando pasó Isodore también se tuvo que ir y tardó dos años en regresar”.