TULANCINGO, Hgo.— Dicen que tras la tempestad viene la calma, pero en Tulancingo no fue así. El miércoles, con el paso de Dean vinieron el dolor y la desolación para los habitantes de esta ciudad. Nuevamente una embestida de la naturaleza —lodo y lluvia— se llevó todo lo que encontró a su paso.
Hace ocho años, Tulancingo registró una severa inundación; las calles se convirtieron en ríos y las escuelas en hogares. Ahora, con el huracán Dean vienen a la memoria esos recuerdos. De vuelta la misma pesadilla.
María Carmen Esteban es una de la miles de damnificadas por las lluvias causadas aquí por el meteoro. “Nosotros vivimos en la colonia Jardines del Sur, nos salimos porque las autoridades nos dijeron que la lluvia venía fuerte y mis hijas no quisieron estar ahí”.
Junto con sus dos pequeñas, María Carmen fue traslada al albergue de la escuela Miguel Hidalgo. “En este lugar nos han tratado bien, ya fui a ver mi casa y no pude entrar; el agua se encuentra muy alta y creo que perdí todo”.
Al recorrer Tulancingo la escena es la misma: cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos con escobas y cubetas en mano limpian el lodo y sacan el agua de comercios y viviendas.
La mayoría de las calles locales están cerradas, el lodo impide transitar a los automóviles. La mitad de la población carece de los servicios de electricidad y telefónico, aunado al médico pues los hospitales también resintieron el embate del ciclón.
Algunos comercios cerraron y en sus puertas registran los estragos; en algunos —los más previsores— aún mantienen sacos de arena en sus accesos; sin embargo, otros no corrieron con suerte y ni sacos ni vallas pararon la entrada del agua.
Aquí todo está bajo el agua: hoteles, estacionamientos, comercios y talleres mecánicos. Colonias como Jardines del Sur y Napateco todavía están con el agua al cuello: a un metro de altura. Por la mañana, en la primera varias familias permanecían atrapadas; el personal de Protección Civil llegó hasta a medio día a rescatarla.
Piden ayuda al gobierno
En Jardines del Sur, un grupo de habitantes desesperados por el desbordamiento de la presa La Esperanza y el río San Lorenzo, abrieron algunos drenes en un canal que atraviesa la colonia.
En Tulancingo la naturaleza golpeó, y golpeó fuerte. Como hace ocho años, las escuelas nuevamente han servido de ayuda a la población, sobre todo a los más pobres, quienes siempre viven bajo el riesgo de los desbordamientos. Tal es el caso de María Carmen. Visiblemente desesperada señala que esperan que el gobierno no se olvide de ellos.
Los estragos también son evidentes en la carretera y en las avenidas. El Ejército y los bomberos recorren las colonias para poder apoyar a los miles de damnificados del lugar.
Carros y pertenencias en colonias como Napateco permanecían bajo un metro de agua.
Aquí el ir y venir de la población es constante, los vecinos unidos tratan de salvar sus pocas pertenencias y en este escenario de caos y de destrucción persiste no sólo el miedo sino el riesgo de mayores inundaciones.