CANCÚN, QR.— El día después del paso de Dean por la región centro y sur de Quintana Roo dejó una secuencia de imágenes. Lo primero que resalta a la vista son los contrastes entre la devastación en los pequeños poblados olvidados que rodean Mahahual y los daños menores que de inmediato han sido reparados en sitios de gran turismo como Playa del Carmen y este puerto.
Cuando las brigadas de ayuda arribaron 26 horas después del impacto del huracán a Limones, el poblado localizado al sur de Felipe Carrillo Puerto, donde la intensidad del meteoro fue cercana al epicentro, el caos y la desesperación estaban en su apogeo; la capacidad de respuesta había sido tan lenta que los pobladores no dudaron en volver a llamar a los representantes de los medios para pedir que por su conducto la ayuda se acelerara.
Y como las comunicaciones, teléfono, telégrafo o internet, han estado interrumpidas en estos sitios, las peticiones de comunicación se multiplicaban cada vez que una cámara se acercaba. “Oiga, mi hijo está en Canadá, es de los trabajadores temporales que se arreglan cada año para ir a levantar las cosechas, ¿puede poner que estamos bien? Él se llama Jorge Palacios Bautista, y yo soy su mamá Esther Bautista”, dice a un periodista una señora robusta de mediana estatura que jala del brazo a los reporteros para que se paren frente a su domicilio en una de las calles del poblado de Limones que quedó incomunicada.
Caminar por Limones, el poblado que llegó a tener poco más de 4 mil habitantes antes del impacto, es como regresar a un escenario donde el olvido se confunde con la gran devastación, como si no hubiera diferencia entre la ancestral pobreza de los pobladores con la inclemencia y el rastro de destrucción material que dejó el huracán.
Hasta después del medio día hizo su aparición por este sitio Félix González Canto, el gobernador de Quintana Roo, quien arribó a bordo de un vehículo Hummer verde olivo del Ejército mexicano; llegó para la foto, pues horas antes había empezado a fluir a cuentagotas la ayuda que consistió en su primera entrega en mil 700 litros de agua potable, poco más de mil colchonetas y 415 despensas que resultaron insuficientes para las más de mil 500 familias que estaban sin ayuda.
Medio centenar de kilómetros al sur, en Mahahual, poblado junto al mar que recibió el impacto del ojo del huracán, amaneció en la desolación total solo custodiada en sus accesos por un grupo de 10 elementos de la Armada de México.
Vuelta a la normalidad
Sobre la carretera que comunica Mahahual con la zona norte de la Riviera Maya —Tulum, Playa del Carmen y Cancún— los efectos del embate del ciclón comienzan a ser imperceptibles. Sobre la vía de cuatro carriles que va hacia el mayor centro turístico de esta región, los postes de luz, las señalizaciones viales y las palmeras derribadas por los vientos han sido reparadas y colocadas en su lugar en un intento porque todo vuelva a la normalidad.
Es el contraste entre el sur olvidado del estado con el norte pudiente y de gran turismo donde los visitantes vieron pasar los días de emergencia como una vivencia más de su estancia por estas tierras del Caribe.
Por esta parte la energía eléctrica apenas si tuvo interrupción alguna, las comunicaciones funcionan con normalidad y las vías son transitables sin contratiempo. Son como las dos caras de una región después del paso de Dean, el primer huracán en la historia que llegó en agosto con categoría 5 y que se alejó de Quintana Roo con su estela de destrucción hacia las tierras de Veracruz.