CANCÚN, QR.— En Cancún, el huracán Dean no destruyó casas, hoteles o infraestructura de comunicaciones o servicios, pero la fuerza de la marea y los vientos que trajo consigo, volvió a arrasar algunas de las playas restituidas artificialmente con una inversión mayor a los 200 millones de pesos, luego del impacto del huracán Wilma, hace casi dos años.Los efectos de la marea de tormenta y la fuerza de los vientos que azotaron durante horas este destino turístico, provocaron el deslave de arena y la pérdida de ancho de la playa. Ayer todavía se podía observar cómo las olas del mar golpean contra los muros de contención de hoteles, plazas comerciales, restaurantes, bares y discotecas.
Playas como Delfines, Gaviota Azul, Ballenas, Marlin y Chac Mool, ubicadas en un tramo de 15 kilómetros de costa, de Punta Cancún a Punta Nizuc, fueron las más afectadas.
Al igual que Wilma, en octubre de 2005, Dean desnudó la plancha de arena, llevándose una cantidad aún incalculable de ésta, para dejar en su lugar grandes lajas de piedra.
Uno de los casos más graves se observa en Playa Gaviota Azul, frente a la famosa Plaza Forum, en Punta Cancún. A un costado, las olas se estrellan contra el muro de contención de la discoteca The City. En Playa Delfines y Marlin, la erosión de la costa es aún más evidente.
Fallaron los plazos
Elementos del Departamento de Oceanografía de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) iniciaron recorridos desde el martes pasado por la zona de afectación, para evaluar la magnitud de los daños, debido a que el proyecto para restituir la arena que se llevó Wilma aún está en marcha desde meses atrás, cuando comenzó la colocación de una serie de estructuras paralelas a la costa, denominadas geotubos.
Los geotubos son estructuras cilíndricas compuestas de mayas textiles, que tienen una doble función: retener la arena y disminuir la intensidad del oleaje. Dichas estructuras serán ubicadas en distintas zonas y en forma paralela a la costa, con una longitud de mil 200 metros lineales.
La CFE elaboró los estudios técnicos para la primera fase del proyecto de recuperación, cuyas obras iniciaron a finales de enero de 2006, con recursos aportados por el gobierno federal, a través de la Secretaría de Turismo.
Condicionado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, el proyecto debió tener una segunda parte al finalizar los primeros trabajos, a manera de mantenimiento, a fin de impedir que llegase otro huracán y echara por la borda, no sólo las obras, sino la inversión.
Sin embargo, esa segunda fase arrancó el 18 de abril pasado, a un año de haber concluido la primera restitución de arena.
Arturo Mosso Aranda, encargado de dar seguimiento ambiental al proyecto, declaró que en este momento “es muy difícil determinar el grado de afectación de las playas”, ya que aún persisten las mareas de tormenta.
Explicó: “Así que no se pueden adelantar juicios” y agregó que se deben esperar los resultados de la evaluación técnica, pues durante los próximos días, incluso podrían ganarse algunos metros más de playa, al bajar la marea.
En la evaluación de los daños ocasionados por Dean en las playas de Cancún, también intervienen expertos de la UNAM, como Rodolfo Silva Cazarín, quien junto con otros investigadores del Cinvestav de Mérida, Yucatán para participar en la asesoría del proyecto de recuperación.