TEKAT, MOCOCHA, Yuc.— El paso de los años les ha permitido ver y vivir muchas cosas, momentos alegres y también tristes, la desgracia y la preocupación. Con ocho décadas a cuestas, son fieles testigos del drama dejado por el paso de huracanes como Carmen en 1974, Gilberto en 1988, Isidore en 2002 y Wilma en 2005.
Con la mirada fija en los recuerdos, el matrimonio formado por doña Úrsula Basto Hoil y don Julián Yam Chalé recuerdan cómo vivieron la embestida de esos meteoros. Y a unas horas de que se defina si un nuevo huracán, Dean, tocará el centro del territorio yucateco, esta pareja se apresta a vivir un episodio más. Ambos se afanan y recolectan agua potable, compran algunas galletas y preparan las velas “por los apagones que seguramente habrá”, dice Yam Chalé, con base en su experiencia en estas emergencias.
El hombre que peina canas y enfrenta fuertes dolores de cabeza que lo mantienen sin trabajo en la parcela, ya que toda su vida cortó henequén y “chapeó” zonas agrícolas, dice que con Carmen “la situación no fue tan fea porque nos fuimos a un albergue en Mérida”, pero con Gilberto “estuvo refeo porque hasta las láminas de cartón volaban para todos lados”, por lo que vivieron unos días en el palacio municipal de Mocochá.
Esta pareja, por su avanzada edad, ha podido percibir los daños que causan los huracanes. “Dios quiera que Dean no venga, no lo queremos”, expresa la mujer.
Por su edad, ninguno de los dos podría poner láminas en el techo inconcluso del cuarto que habitan. “Vamos a rezar por que se vaya pa’otro lado, ojalá..., a lo mejor y mañana cambia”, precisa ella mientras muestra un pequeño radio que la mantiene informada de lo que ocurre con el meteoro.