SALAMANCA, Gto.— “¡Ya nos vamos a morir!... ¡Vamos a morir!”, fue la primer idea de María del Refugio López, cuando un estruendoso ruido le arrebató el sueño e hizo estremecer su cama.Sin saber qué ocurría, se levantó como pudo y desde la puerta de su vivienda observó que a unos 400 metros de distancia “una enorme lengua de fuego” que fluía de un gasoducto de Petróleos Mexicanos sobre la carretera Salamanca-Valle de Santiago.
El cielo era rojo encendido, como si en esos momentos se fuera acabar el mundo, dijo la estupefacta mujer en la fría madrugada de ayer, cubierta apenas con un ligero rebozo.
“¡Qué susto nos llevamos!”, dijo la mujer de una 70 años, fuera del albergue habilitado en el gimnasio Salamanca 400.
Como cualquier noche, María del Refugio cenó con su hijo menor y su hermana y cerca de las 23:00 horas, después de ver las noticias en televisión, se fueron a dormir en la tranquilidad del rancho La Cal de Benito Juárez, sólo alterada por los ladridos de los perros.
Apenas dos horas después, como sus vecinos, se despertaba con el estruendo y el fuerte retumbar del piso y corrió en busca de un refugio.
Hombres y mujeres, algunos con niños en brazos, subían a las camionetas para abandonar el rancho La Cal de Benito Juárez; otros iban a pie, todos movidos y acicateados por el miedo.
Comentó que desde niña vive en Salamanca y nunca había visto una explosión como la de la madrugada de ayer, cuando hasta el cielo se iluminó.
“Entre el sueño, nomás escuché como si se hubiera caído el avión y me saltó el temor, el miedo”, dijo.
“¿Qué nos pasó?, ¿ya nos iremos a morir?... Me asaltó la duda; me encomendé a la virgen María y me puse a rezar, musitó apenas.
“En la calle, el terror era mayor: patrullas por todas partes, ulular de las sirenas, movilización de soldados en la oscuridad, personas con cascos y mangueras y la gente, como nosotros, huyendo del peligro”.
La anciana de piel quemada por el sol desprendió una lágrima al dar gracias a Dios por este milagro: “¡Hoy no nos tocaba!”
“Dios y la Virgen, madre de Jesús, escuchó nuestras oraciones”, dijo, junto a una familia de Santo Domingo, ubicada en el mismo albergue.