CENOTILLO, Yuc.- Sólo les quedó una calcomanía de la campaña de Vicente Fox pegada en la puerta de su casa, pero la pobreza es la misma. En el pequeño cuarto de seis por cuatro, el único ornamento es una vieja hamaca colgada de pared a pared.
En esa misma puerta amaneció un volante con la leyenda: "Red de Alerta. En este domicilio no se acepta despensa, dinero o cualquier otro tipo de proposiciones ilegales a cambio de la credencial para votar".
Paradoja en un solar devastado por la miseria, donde tres cuartas partes del pueblo se ha ido a Quintana Roo a colocarse de meseros, de garroteros, o de chalanes en las obras de construcción. Otros se han ido de braceros a Estados Unidos, y los partidos -PAN y PRI- han cifrado sus esperanzas de comprar ese voto, para que vengan los que están en Quintana Roo a votar.
Algunos dicen que aquéllos ofrecen hasta 20 mil pesos, con credencial de elector en mano, incluido pasaje y alimentación, para la fiesta electoral del domingo 20 de mayo, en una población de 14 mil habitantes, de los que sólo quedan 4 mil.
Feliciano Ake May, de 64 años, y su esposa Cristina Chulim, de 55, viven ahí, en esa casona. No tienen hijos, se casaron hace año y medio, pero en el colmo de su profunda fe, él piensa que ella todavía le puede dar hijos, hijos que compartan su pobreza.
"Los que Dios mande", dice él, con profunda seriedad. Hasta ahí llegan los candidatos, ofreciendo camisetas, máscaras de luchador con las siglas de partidos y la ya famosa muñeca BarbIvonne, que las niñas reciben con algarabía.
La leyenda pegada en la puerta de su casa advierte que no aceptan proposiciones ilegales a cambio de la credencial para votar. "Ni mucho menos para votar a favor de una persona que va en contra de nuestros ideales".
Los ideales de un hombre, que vive de desyerbar milpas y terrenos de otros, porque su única posesión es esa pequeña casa donde deshojan también el tiempo y la pobreza extrema, mientras los políticos les ofrecen camisetas y gorritas.
Disputa por espacios
La lucha por las bardas y fachadas de las casas es encarnizada. En una misma puerta pueden verse pegotes con calcomanías del PAN, que imploran "ya no permitas que regresen" y aparece la imagen de un dinosaurio en verde.
Ahí mismo amanece la leyenda del PRI, que advierte que es delito la compra de credenciales: "Atentamente, El representante de este domicilio". Parafernalia de campaña, en una guerra terrestre por el voto.
Feliciano Ake y Cristina Chulim al menos son inmunes a la guerra aérea, la lucha de spots entre el PAN y el PRI porque ellos no tienen televisión. Es el oriente del estado, a dos horas de Mérida, por pequeñas carreteras que, eso sí, lucen bien asfaltadas.
La tenue lluvia ha caído sobre el poblado, amaina el sofocón, la canícula en un pueblo que sólo en julio y agosto vive días de fiesta, porque todos sus hijos pródigos regresan a visitar a sus familias, con esos dólares que tanta falta hacen.
Reparten camisetas
Uno de los candidatos deambula por las calles en su gran camioneta, imbuido de esa lucha por el voto que lo puede llevar a la presidencia municipal. En las afueras del pueblo una carpa de circo espera la función de la tarde.
Feliciano Ake relata, molesto, que algunos amigos se han burlado porque permitió que pegaran en su puerta esa leyenda del PRI. "Yo no hago bromas", dice que le ha respondido a todos, y su casa luce indistintamente calcomanías del PAN y PRI.
El candidato que deambula por todo el pueblo ha llegado a una casa, plagada de mujeres, para repartir camisetas de su partido, que todas ellas reciben con agrado, aunque para desgracia del aspirante, ya lucen también playeras de su opositor.
Todo lo aceptan, todo llama su curiosidad porque, cómo negarse a recibir algo cuando no tienen nada. Las camisetas se combinan con pantaloncillos cortos de su equipo preferido de futbol.
Es la fiesta de las elecciones, combinada con la efervescencia de las finales, en un pueblo, en un estado, que ni siquiera es gran amante delbalompié.