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Pobreza mata ilusiones

Son los niños otomíes queretanos que diariamente solicitan recursos económicos en las calles de la ciudad de Querétaro y cuya existencia, hasta el momento, ha transcurrido sin la ilusión infantil de esperar los regalos del Día de Reyes
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Juan José Arreola
El Universal
Viernes 05 de enero de 2007

QUERÉTARO, Qro.- "No sé", respondió Ángel de solamente cuatro años de edad, cuando se le preguntó si sabía quiénes eran los Reyes Magos. Rosalía, también una niña indígena que pide dinero en la calle "para mi escuela", se concretó a levantar los hombros y regresar la pregunta: "¿Qué reyes?".

Son los niños otomíes queretanos que diariamente solicitan recursos económicos en las calles de la ciudad de Querétaro y cuya existencia, hasta el momento, ha transcurrido sin la ilusión infantil de esperar los regalos del Día de Reyes.

Rosalía, quien dice tener siete años, recorre diariamente la calle de Guerrero, desde el jardín que lleva el mismo nombre hasta Pino Suárez, bajo la mirada vigilante de su abuela, que pide limosna en una de las esquinas.

Ella nada sabe de la llegada de los Reyes Magos y ni siquiera tiene idea de que a los niños se les entregan regalos y juguetes. Pero tampoco sabe de escuela ni de educación, pues se dedica, todo el día, a pedir limosna para ayudar al sostenimiento de la familia.

Y sin embargo, cuando se acerca una persona, le pide "un peso para mi escuela".

En otro punto del centro histórico de la ciudad de Querétaro, Ángel, Luis Miguel y Eduardo, juegan sobre la acera pero también piden dinero a las personas que salen de una institución bancaria. A unos diez metros está la mamá de Luis Miguel y Eduardo, quien también pide limosna a los transeúntes.

"No sé", dice, una y otra vez, Ángel al preguntarle si conoce a los Reyes Magos. En la plática interviene Eduardo, quien a sus 10 años presume saber quiénes son los personajes referidos: "Son los que traen juguetes".

Y aun cuando nunca han visitado su vivienda, asegura que cada año pide juguetes. Esta ocasión tiene en mente un carrito y un balón de futbol.

Ahora es Ángel quien interrumpe para repetir lo aprendido; voltea hacia las personas y ahora pide: "¿Me da para mis Reyes?".

De acuerdo con las estadísticas del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), en las calles de la ciudad de Querétaro, por lo menos 300 niños indígenas deambulan en compañía de sus padres, quienes viven de la caridad pública y la venta de sus artesanías.

También a San Juan del Río migran decenas de familias otomíes, varias de las cuales "trabajan" en la Caseta de Peaje de Palmillas, sobre la autopista México-Querétaro.

Ahí piden limosna y venden chicles y golosinas, como Guadalupe Hernández, quien dejó su tierra -en el municipio de Amealco- porque "allá en el rancho no hay nada, eso del programa Oportunidades es sólo para las familias del gobierno, mis parientes son lo que reciben ese apoyo, yo no, por eso tuve que venirme hasta acá".

Los niños que acá trabajan, al igual que los de Querétaro, nada saben de la fantasía de los tres Reyes Magos.



 

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