CHIAPA DE CORZO, Chis.— Ir por la flor de niluyarilo —”flor de pluma”— en lengua tzotzil, en honor del Niño Jesús, es un acto de fe y consagración a Dios, que enriquece la vida de quien participa de acuerdo a la tradición, afirma Eduardo Trujillo Nangusé.Este joven de 26 años, dedicado a la agricultura en la población de Narciso Mendoza, partió este 14 de diciembre, como hace nueve años, a las montañas de la comunidad indígena de Navenhauc, en los Altos de Chiapas, para cumplir su manda.
“No es sólo peregrinar para ir por el niluyarilo, sino buscar la fortaleza espiritual para enfrentar la vida con rectitud y honradez”, asegura.
Dice cumplir los ritos de la antigua tradición, que exige ante todo respeto y fervor por las ceremonias católicas, con las cuales se espera el nacimiento del Niño Jesús, el 25 de diciembre.
“Sigo llevando a las montañas, cacahuate, miel, tasajo, pescado y camarón, para dárselos a los hermanos tzotziles, para que nos permitan buscar y traer las flores”, relata.
“A cambio, nos proporcionan frijoles, tortillas y huevos durante el tiempo que permanecemos en sus tierras. Esa es la costumbre de nuestros padres, y así debemos hacerlo”, agrega.
Señala que otro rito consiste en no llevar dinero, objetos personales ni de metal, ni siquiera “la foto de la novia”, porque si no extravían el camino.