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La derrota llegó por la tarde
Jorge Teherán, Alberto Morales y Roberto Barboza Los 90 días de campaña electoral concluyeron con una jornada en donde prácticamente no hubo denuncias de irregularidades. Salvo lo ocurrido entre la una y las cuatro de la tarde, cuando el PRD desplegó un operativo telefónico para informar de incidentes que, a su juicio, empañaban la elección. En el PRI se mantuvo el silencio. Emilio Gamboa Patrón, coordinador de los diputados federales del PRI, llegó como observador de los comicios, pero prefirió comer en un restaurante de mariscos con algunos de sus legisladores. Nada parecía alterar a los priístas que tenían razones para la confianza. El corte con los resultados de su propia encuesta de salida les daban, a las dos de la tarde, 14 puntos de ventaja sobre el perredista César Raúl Ojeda Zubieta. "Es irreversible", comentó uno de los operadores electorales que conoció de los datos con una sonrisa. El día siguió con las casillas abiertas esperando a que el calor -cercano a los 40 grados- bajara un poco. Aquí la gente va a votar temprano, para sudar poco, y después de las tres, para sudar menos. El PRD se movió en la capital. Aquí estuvieron el dirigente nacional, Leonel Cota Montaño; el secretario general, Guadalupe Acosta; el vocero, Gerardo Fernández Noroña; el coordinador de los senadores, Carlos Navarrete; el coordinador de los asambleístas del Distrito Federal, Víctor Hugo Círigo; el representante ante el Instituto Federal Electoral, diputados federales, senadores. Nada pudieron hacer. La derrota llegó por la tarde. A las 18:00 horas se dieron a conocer las primeras encuestas de salida y con ella llegaron las caras largas al PRD. Los dirigentes y militantes comenzaron a desfilar por los pasillos del hotel en donde se hospedaron en los últimos días. Las sonrisas eran pocas. Es más, inexistentes. Todos esperaban a César Raúl Ojeda para dar un mensaje. En el hotel de enfrente la fiesta iniciaba. Andrés Granier y la plana mayor del priísmo estatal tomaron los salones. Los elementos de seguridad llegaron primero y se apostaron en las puertas y accesos. La dirigente estatal priísta, Georgina Trujillo, repartía sonrisas, abrazos y apretones de manos, lo mismo que el secretario de Acción Electoral de la dirigencia nacional, Fernando Moreno Peña, o el delegado, Ausencio Chávez que cada vez tiene menos kilos. Al final, en un cuartel estalló la alegría, y en el otro la advertencia de impugnar los comicios.
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