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Rastros de un pueblo migrante
ADRIANA OCHOA En el escenario urbano, oficinas gubernamentales como la de la Comisión Federal de Electricidad se adaptan a la dolarización de la economía local: todos los días junto a la caja para el público hay un cartel con la cotización de la moneda estadounidense. Agencias de viajes que ofrecen boletos de avión a Los Ángeles, Houston y Chicago, ofertan en dólares. La generalidad de los comercios subraya con avidez que el billete verde es bienvenido. En diciembre, cuando muchos regresan, la economía se mueve al tope. Los bancos realizan cambios de moneda hasta por 30 mil dólares diarios. Es común encontrar en puertas de mezquite la leyenda "Please put on" junto a una ranura, a falta de buzón. Abundan las academias que ofrecen enseñar inglés "como se oye en EU" y quienes han tenido éxito económico, lo hacen notar en los detalles arquitectónicos de sus casas, con techos de dos aguas, porche de columnas a la entrada y ventanas prefabricadas con alféizares pronunciados. De tiempo en tiempo, por la ciudad y algunos caminos rurales se ve a los inspectores del Social Security que monitorea la recepción de pensiones de los jubilados que dejaron media vida en Estados Unidos y han regresado acá. Al mediodía, en la Plaza Principal, en días hábiles, el reloj municipal marca la hora y de un punto alto de la alcaldía una bocina difunde la Canción Mixteca. La historia migrante de Cerritos data de la primera década del siglo XX y es su eje vital hoy. Empezó como exilio de familias en el estallido de la Revolución, precisa Ramón Alejandro Montoya, catedrático e investigador de Humanidades de la Universidad Autónoma de san Luis Potosí (UASLP), autor del libro La migración potosina hacia Estados Unidos. En 1917, un desastre agrícola y el impacto de los desórdenes políticos en la economía empujaron oleadas de migrantes cerritenses a Texas. En los años 20, descubrieron las oportunidades que la industria ofrecía en Chicago y la corriente se desplazó hacia allá también. Tras la crisis de 1929, el gobierno estadounidense aplicó una política de deportaciones para garantizar el empleo a los propios. Pero en los 40, con el Programa Bracero y después de éste, la salida de cerritenses a Estados Unidos ya no paró. Alcaldesa retornada Aurelia Orozco Reyes, presidenta municipal de Cerritos, fue migrante como gran parte de la población. Ahora casada con un residente en Estados Unidos, Florencio González, también ex alcalde de Cerritos, se fue en 1972 en busca de mejores condiciones económicas. Aurelia se mantuvo del "puro trabajo de campo" en California, con riego y pizca de melón. Allá, la jornada para mujeres es de seis de la mañana a tres de la tarde y para varones, de cinco de la mañana a seis de la tarde. A veces, era necesaria una hora de camino para llegar a los campos de cultivo. Hoy, busca que los paisanos paguen obras chiquitas en sus comunidades de origen. Cerritos ocupa el primer lugar en la aplicación del programa "3X1", de participación gobierno-ayuntamiento-Paisanos. La alcaldesa explica que la cantidad de cerritenses que hoy residen en Estados Unidos es similar a la población total del municipio, más de 20 mil, según el último conteo poblacional. Mitad viven aquí y mitad traen dinero para construir algo y llevar algo de lo que nunca han tenido acá.
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