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Pescadores desafían al mar por necesidad

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Alberto López Morales
El Universal
Miércoles 30 de agosto de 2006

PLAYA BRASIL, Oax.- Bajo la derruida enramada, a la orilla de la playa, el rostro de Francisco Martínez, quemado por el sol y el mar, se ilumina. "Acabo de saber que el huracán John ya se aleja de Oaxaca", dice.

"Con el mal tiempo no se juega, te lo digo porque ya me salvé dos veces en el mar, cuando iba a la caza del tiburón y en una ocasión el huracán Paulina se llevó mi lancha", explica este joven pescador quien presume haber nacido "juntito a las olas".

Francisco Martínez Hernández, quien con destreza ayuda a reparar las piezas del motor de la lancha para ir tras los peces conocidos como cocinero, barrilete y huachinango, mira hacia el azul inmenso del Pacífico y comenta lacónico: "Ya no está tan picado".

Por la mañana del lunes, con el huracán John cerca de las costas de Oaxaca, "el mar embraveció, pero así salimos y apenas si sacamos para la papa y la gasolina. No hay de otra porque aquí vivimos de la pesca, aunque haya mal tiempo".

Ahora que la amenazante presencia del huracán John se alejó hacia las costas de Guerrero, Francisco dice que aprovechará para "traer todas las docenas de escamas porque con el mal tiempo se corre el riesgo no sólo de perder la lancha sino hasta la vida".

Experiencias

Junto a Francisco, mientras espera que esté listo el motor de la lancha y adentrarse al inmenso mar, don Nicolás Pérez Gutiérrez mece la hamaca en que descansa y recuerda que "hace 36 años me agarró una tormenta y gracias a Dios salimos bien.

"Nos perdimos un día por el mal tiempo, pero llegamos con bien al otro día". Rememora que "allá por 1966 poco se hablaba de los huracanes, aunque sí llovía fuerte y así salíamos a tiburonear (cazar tiburones) y tirar el paño (el chinchorro)".

Ambos pescadores, que lo mismo se desempeñan como motoristas, que tiradores de la boya, paño, corcho y plomo, también recuerdan que "apenas en junio el mar se alocó y aventó todas las lanchas lejos de la playa".

El recuerdo del joven Francisco y del viejo Nicolás se remonta al 19 de junio, luego que un fenómeno natural provocó el aumento de la marea que inundó varias poblaciones de la costa de Oaxaca. "Ahí están las lanchas, tiradas", señalan.

Pese a que John se alejó de las costas oaxaqueñas, los pescadores ribereños de la costa sur de Oaxaca se mantienen en alerta "porque sabemos que todavía faltan otros huracanes, que vendrán más tormentas tropicales", dice Francisco Martínez Hernández.

"Así es la vida, llena de riesgos y como pescadores, pues hemos pasado por muchas desgracias porque aquí nadie nos ayuda, ni para recuperar la lancha que se llevó Paulina , por eso tenemos que aprovechar algo, aunque el mar esté picado".

 
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