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La democracia, un acto de fe en territorio tzotzil

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Jorge Octavio Ochoa
El Universal
Lunes 21 de agosto de 2006

ZINACANTÁN, Chis.- Aquí, la política y la democracia es todavía un acto de fe y cuestión de sangre. La transición de un partido a otro es, para los pueblos, un acto de estómago y de carácter, sujeto a las reacciones violentas de los gobernantes en turno.

Del paso del PRI al PRD, el yugo sólo cambió de colores. "Aquí hay mucha violencia. Se han perdido tradiciones, orígenes" dice, un hombre ataviado con un chaleco llamado colera, jorongo colorido de bordados rojos y amarillos

A 20 metros, indígenas tzotziles se encargan de la mesa donde unos cuantos pobladores votan, mientras Sebastián y Juan observan, mirando en su entorno para percibir presencias ocultas.

Cuentan que desde que asumió el poder Pablo Salazar Mendiguchía -"el evangélico"-, el PRD ha gobernado durante seis años. "Él era pastor antes de ser opresor", dice con asombrosa fluidez Sebastián, arropado en el anonimato.

"Los católicos costumbristas hemos sufrido más represión y muerte desde que llegó. En 2003, por conflictos políticos, aquí mataron a tres personas un miércoles de ceniza a un lado de la iglesia y hasta ahorita está impune eso".

Desde entonces, los regidores plurinominales del PRI no han podido fungir en sus cargos. "Todo Chiapas votó por el cambio, hasta los priístas, pero Salazar salió al revés. Hasta gente de ellos, del PRD, está inconforme".

Actos de fe. En San Andrés Larráinzar, los ancianos y mayordomos beben. Exhiben, a su vez, la cultura política del PRI, luego de años y años de ser la única fuerza en el municipio. "Si quiero voto y si no, no. Pero yo, 2 mil, 3 mil pesos y voto".

Él, junto con otros mayordomos celebran a la puerta de la iglesia las fiestas de San Agustín y San Miguel, bebiendo posh -aguardiente de la zona. Para ellos, hoy las elecciones no figuran en su calendario, a menos que exista una paga. Por el poblado y las laderas se ven indígenas embriagados, milagroso equilibrio sobre piernas vacilantes.

Más actos de fe. En San Juan Chamula, el control del PRI es tal que los demás partidos llegan indefensos al proceso. En la casilla 337 básica, un niño de 13 años funge como representante del PRD sin que nadie objete.

Su madre, la verdadera representante de ese partido, permanece sentada en una jardinera. Come un elote tostado, fastidiada, tras más de seis horas de estar ahí, sin mucho interés. No habla bien el español o finge no hacerlo.

Paz en zona zapatista

En Oventic y Patentic -enclave del EZLN- las elecciones transcurren sin incidentes. En la casilla 687 básica, han votado más de 300 personas de las más de 600 del listado. Hoscos, simplemente dicen: "Aquí, todos amigos".

En Larráinzar, para las cuatro de la tarde, en la casilla 682 han votado ya más de 200 personas de los 637 de su padrón. Y en la casilla contigua lo han hecho 150 de 643.

Las urnas están en lo alto del pequeño kiosko del pueblo, en medio del muladar del mercado casi prehispánico, compuesto por mercadería sucia, desperdigada en jacalones de madera.

Es la indiferencia envuelta en un aparente manto de civilidad, entre las montañas de los míticos Altos de Chiapas, donde los caminos están plagados de niños que ofrecen a los viajeros "¡un telar!", "¡una artesanía!". O piden "¡una propina!".

Caritas morenas, sonrientes, envueltas en sus pequeños gabanes color azul oscuro. Mientras grupos de mujeres bajan por la carretera con sus ropas limpias, de domingo, blusas de satín y vistosos colores.

Otra escenografía

En Tuxtla Gutiérrez, en la casilla donde votó el candidato perredista Juan Sabines, los funcionarios prepararon las mamparas y las urnas en medio del nerviosismo y la confusión que les provocan los medios.

Ahí, dos funcionarios de casilla no llegaron. La secretaria pasa a ser presidenta de la mesa; el primer escrutador se convierte en secretario, y una anciana mujer, que emitió su voto temprano, es implementada como escrutadora.

El secretario suda profusamente, entre la angustia y los calores, benevolentes el día de hoy. Todo por la ausencia de un agente del Ministerio Público que sería presidente de la mesa pero que fue "acuartelado" por orden "de la procu".

Entre tanto, el gobernador Pablo Salazar asume que tiene nuevos enemigos, "pero también muchos amigos". Resume lacónico las críticas en su contra: "Nos hacemos cargo de lo que llegó para quedarse: las guerras sucias o limpias".

 
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