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"Es un milagro, la Virgen escuchó nuestros ruegos"

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Javier Cabrera Martínez
El Universal
Jueves 17 de agosto de 2006

CULIACÁN, Sin.- Jesús Eduardo Vidaña López, uno de los tres pescadores mexicanos rescatados el 9 de agosto frente a la isla de Marshal, al noroeste de Austria, no es la primera vez que angustia a sus padres, a los siete años de edad, junto con un compañero de escuela, permaneció por varias horas perdido en las mismas aguas del Pacífico, en su intento por extraer alimentos del mar.

Su madre, Rosa María López Rodríguez, vecina del campo pesquero las Arenitas en la sindicatura de Eldorado, perteneciente al municipio de Culiacán, ubicado a 60 kilómetros al sur poniente de esta capital, evoca recuerdos de su hijo, de 27 años de edad, quien desde noviembre pasado fue reportado como desaparecido, junto con otros dos pescadores.

Cuenta que los tres salieron a la captura de tiburón, en la zona de San Blas, en el estado de Nayarit.

Como parte de esas vivencias que en su tiempo fueron para ellos desagradables, se encuentran los continuos traslados de su hijo a otras zonas pesqueras del país en busca de trabajo en el mar, ante la precaria pesquería del camarón en las costas de la sindicatura de Eldorado.

"Es un verdadero milagro, la virgen escuchó nuestros ruegos que todas las noches, junto con mi nuera -Yuzmey Yuzeli García Gutiérrez-, vertimos, por volver a ver a Jesús Eduardo, quien por espacio de nueve meses y días permaneció a la deriva en una pequeña lancha, al lado de sus compañeros Lucio y Salvador", dice.

"Nunca perdimos la fe en volver a verlo vivo, pues a la edad de siete años, junto con otro pequeño, a escondidas, Jesús Eduardo tomó el equipo de pesca de su padre y se internó a las aguas del Pacífico, en busca de alimento para la familia. Por varias horas el muchacho permaneció en calidad de desaparecido, hasta que infantes de Marina lo sorprendieron explotando especies en veda y le decomisaron las artes de trabajo".

El amor al mar lo lleva este joven pescador en las venas, según expone la entrevistada, ya que el jefe de familia, Juan José Vidaña, al igual que sus tíos y primos, viven de la pesquería del crustáceo y la escama, pues en Arenitas no existen otras opciones de trabajo.

Jesús Eduardo tiene un hijo que aún no conoce

A Jesús Eduardo le espera una grata sorpresa en su humilde hogar del campo pesquero las Arenitas, de donde es socio de una cooperativa dedicada a la captura de camarón y escama: su joven esposa, hace dos meses, dio a luz a una pequeña, su segundo hijo.

Yuzmey Yuzeli García está casi sin poder hablar. Tiene los ojos anegados por las noticias constantes que a través de la televisión se difunden sobre la suerte de su marido y de dos pescadores más, quienes hace siete días fueron rescatados por un barco atunero taiwanés a más de 8 mil kilómetros de donde zarparon.

La joven esposa recopila, junto con familiares, toda la documentación oficial para acreditar la personalidad de su marido Jesús Eduardo Vidaña López.

Yuzmey Yuzeli, al igual que el resto de la familia de su esposo que sobrevivió a una verdadera odisea en las aguas del mar Pacífico, se muestra ansiosa por conocer los pormenores del rescate y el tiempo que aún tendrá que esperar para volver a ver a su marido, dado por desaparecido.

Yuzmey Yuzeli añade que cada fin de año su cónyugue Jesús Eduardo, al igual que el resto de los pescadores de las Arenitas, se desplazan a otras zonas del país en busca de trabajo en el mar,

Cuenta además que cinco meses posteriores a la desaparición de su marido, debido a su avanzado estado de embarazo, dejó su vivienda de madera y techo de láminas, para trasladarse con su suegra a una colonia popular de Culiacán, en donde viven en forma temporal.

Lamenta que únicamente cuente con tres fotos de su marido, en las que aparece con el pequeño Jesús Eduardo, de tres años de edad. El resto de este tipo de recuerdos, junto con identificaciones y documentos de tipo personal, los perdieron en un temporal que azotó la zona de Eldorado y por los robos sufridos en varias ocasiones.

La esposa del pescador sinaloense recuerda que a mediados de noviembre pasado, Vidaña López, quien sólo alcanzó a cursar hasta el segundo año de secundaria en la escuela ubicada en la sindicatura de Eldorado, partió rumbo a San Blas, Nayarit, para contratarse en la explotación del tiburón. Salió solo con una muda de ropa, sin ningún tipo de identificación.

Los riesgos

Directivos de la Cooperativa José Luis Castro, de las Arenitas, varios de ellos compañeros de panga de Vidaña López en la explotación camaronera, hablan de los riesgos que asumen al término de cada temporada. La precaria situación los obliga a desplazarse, algunas veces con sus propios equipos, a las costas de Narayit o Sonora, para participar en la captura de las especies de escama o tiburón, informaron.

Leonardo García Vega, compañero de panga camaronera de Jesús Eduardo, expone que como trabajan en las bahías y esteros, al disponer de equipos menores, no reportan las salidas y arribos a las capitanías de puerto. Ante esto, es comprensible que en el caso de la capitanía de San Blas, Nayarit, no se tuviera el reporte de la desaparición de los tres pescadores rescatados cerca de Australia, añadió.

Tío político de este sinaloense que habían dado por desaparecido, Jesús Humberto Avendaño, un viejo pescador de la zona y quien repara el motor de su panga para estar listo para hacerse a la mar ante la cercanía del levantamiento de la veda del crustáceo en bahías y esteros de Sinaloa, expone que los jóvenes no tienen más opciones que seguir la misma profesión que sus padres, con todos los riesgos que implica salir al mar con pangas pequeñas, sin radios de comunicación, ni equipos de localización.

Al hablar de su sobrino, Jesús Eduardo Vidaña, uno de los tres mexicanos que durante nueve meses y nueve días permanecieron a la deriva en una panga de 27 pies de longitud, sin combustible, en las aguas del Pacífico, informa que a los 16 años se incorporó como trabajador formal de la pesca, y que también en Arenitas contrajo nupcias con Yuzmey Yuzeli García Gutiérrez, hija de otro pescador, con quien tiene dos pequeños hijos.

 
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