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| La marcha del pueblo sometido por la pobreza La gente del campo y de los pueblos conurbados que marcharon es la que los priístas denominan la "estructura del partido". Pobladores a quienes les dan materiales de construcción o despensas en tiempo de elecciones. Después, en seis años, regresan para arrancarles nuevamente el voto
Alejandro Suverza Los convocantes la llamaron la marcha de la "Sociedad Civil", los maestros de la sección 22 la rebautizaron como la "Marcha de la Vergüenza", pero más bien, lo que aquí se vivió era la crónica anunciada de un acto de campaña priísta salpicado de sociedad civil. Al monumento a Benito Juárez llegaron camiones de pasajeros y de redilas repletos de campesinos. Les regalaron camisas blancas, les repartieron banderines y pancartas realizadas ex profeso. Arriba, un helicóptero con la matrícula cubierta supervisaba, era el mismo del que salieron bombas de gas lacrimógeno el 14 de junio pasado. En él iba el gobernador Ulises Ruiz, que con la mano saludaba. La gente del campo y de los pueblos conurbados que marcharon es la que los priístas denominan la "estructura del partido". Pobladores a quienes les dan materiales de construcción o despensas en tiempo de elecciones. Después, en seis años, regresan para arrancarles nuevamente el voto. Lo que aquí se miraba era la prueba y confirmación de lo que en días pasados se difundió en cada rincón de la ciudad de Oaxaca. Que en Santiaguito Ixtaltepec ofrecieron 200 pesos y el camión salía a las 10:00 horas. Que la burocracia gubernamental fue obligada a participar y llevar familiares. Que a los taxistas de la ciudad les ofrecieron 500 pesos y hubo compromisos para acelerar la adquisición de concesiones. No había que buscarle mucho al lienzo de la ignominia que el gobernador Ulises Ruiz tendió para autobrindarse respaldo, ante el conflicto magisterial. Por donde quiera que se le hurgara había lodo. "Usted sabe que a donde nos den, pues vamos, qué chingados", dijo una habitante de Santa Cruz Amilpa. Y como si se sintieran culpables, un contingente gritó: "¿Viniste por dinero? No. ¿Por obligación? No, por educación". Radio Universidad, la de la Autónoma de Benito Juárez, informaba de un enfrentamiento entre manifestantes que venían a la marcha y maestros en Jalapa del Marqués, en el Istmo. La primer señal de confrontación que se daba aquí apareció a unos dos kilómetros del punto de partida cuando una mujer acompañada de sus dos hijos mostró pancartas. Les escribió: "Vendidos, fuera Ulises". Otra, a su lado, les gritaba que se vendieron por 200 pesos. "Los obligan", les dijo a otros. "La dignidad no se vende", a otros más. Adelante un camión repartía camisas, la gente se aglutinaba, tuvieron que dejar de ofrecer porque se las arrebataban. La marcha más que en asistentes, hay que medirla en pesos. Según cuánto dinero por asistir. Y también según el sapo, la pedrada. Entre 200 y 500 pesos la bonificación. Era la marcha de la gente que por un poco de dinero está al pie del cañón para disparar contra quien se le ponga en frente. La del pueblo sometido por la necesidad eterna. Quizás el punto más álgido se dio cuando el contingente pasó por el mercado zonal "Las Flores". Ahí había un grupo, en su mayoría mujeres, que mostraban pancartas y gritaban consignas para decir que no estaban con el gobernador. Un hombre gritaba: "¡De a cómo!, ¡Órale, órale, caminando y desquitando! ¡Órale, órale, a desquitar la playera!, ¡Órale borregada, avanzando!". Hubo marchistas que respondieron con enojo. Hubo voces de sociedad civil que se escuchaban auténticas. Las hubo que reclamaron un regreso a clases, pero el antecedente del acarreo, de las bonificaciones y de la obligación de asistir empañaron la credibilidad. No era necesario traer a la gente del campo ni comprar y obligar. Siempre se empeñaron en aclarar que no era una marcha contra los maestros. Rocío Hernández, una empleada del sector escolar, dijo que asistió para que los maestros regresaran a clases. La ama de casa María Teresa informó que lo hizo porque las acciones de los maestros ya habían rebasado la línea y que la paz en Oaxaca estaba en peligro.
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