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Quinto día, el peor de todos el peor de todos
Alejandro Suverza Decía que en esa diagonal debía haber entre 16 y 26 personas. "En el caso de que esos mineros hubieran estado ahí, no estarían con vida". Eso fue suficiente para salir al aire en todo el país y asesinar sin piedad. Por la tarde, una radiodifusora nacional expandió la noticia de que habían encontrado cinco cuerpos. Ambas versiones fueron desmentidas por el funcionario federal y reprochadas por decenas de familiares que aglutinados en la reja gritaban. La versión desmayó a cuatro. Ayer se cumplieron cinco días y no se miraba por dónde, mucho menos en las venas negras de la mina 8 de Pasta de Conchos, donde la tragedia de 65 mineros continuaba en agonía. Lo de este jueves era que, a pesar de los avances, se perforaba con extremo cuidado porque entre los escombros podría estar el minero más próximo, el que laboraba en el cuarto de máquinas. "Existe un alto porcentaje de que esté entre los escombros", dijo el administrador de esta minera, Rubén Escudero. Era el anuncio de otro día más. El cerco de acceso fue alejado hasta la carretera que lleva a Nueva Rosita, Coahuila. Los militares del Plan DN-III se encargaron de restringir el acceso a los cientos de curiosos que en días pasados acudieron a consolar a familiares de los trabajadores del carbón. Por la mañana, un helicóptero sobrevolaba. Una camioneta que remolcaba oficinas móviles entraba por un costado de la mina, por el que sólo entran militares y policías federales y equipo de rescate. Hoy, cual oficina de gobierno federal, se emitió un boletín. Se supone que a partir de ahora la tragedia iría plasmada en boletines. El secretario del Trabajo y Previsión Social federal, Francisco Javier Salazar, decía que se tenía la información y que se repartiría a los medios. Leyó que los derrumbes encontrados son mayores y más de los que se esperaban. Sacó rostros de preocupación. Dijo que las condiciones eran cada vez "más pobres" de oxígeno, y con fuertes acumulaciones de gas metano. Desencajó más rostros. La situación era grave, pero no se decía en el boletinazo. El administrador fue obligado a decirla en el intercambio de preguntas y respuestas, en un lugar donde cada vez hay más interrogantes dirigidas a que se diga si a cinco días de la explosión en la mina existe la posibilidad de que los 65 mineros estén vivos. El ingeniero Rubén Escudero respondía en un escenario de que faltan mil 200 metros (cerca de la diagonal 23) para llegar al punto más alejado de este tiro, en la diagonal 41, donde hay un grupo que trabajaba en la máquina "minero constante" 6. Censura minera Quizá porque hoy el Ejército restringió el acceso, el líder del sindicato de Mineros, Napoleón Gómez Urrutia, decidió entrar por la puerta principal, pero por si las dudas, se rodeó de por lo menos cinco achichincles, varios de ellos vestidos con chamarras de mezclilla. Y mientras declaraba que se harían las investigaciones necesarias, Rubén Ruiz, uno de sus colaboradores, contaba que su jefe sí se había metido a las minas. Pero luego dijo que no podía decir cuál, y después que en una de Durango. Al paso de Napoleón, se interponían representantes de los medios, que le clavaban las grabadoras en la quijada. Raro que ningún minero o esposa de éstos se le acercaran. Se habían escuchado versiones de que los mineros y sus familiares habían sido amenazados para que no hablaran en su contra. Se expandió la noticia de que si lo hacían serían apuntados en una "lista negra". Una mujer, que no quiso dar su nombre, lo confirmó: "Nosotros no podemos decir nada porque los ponen en una lista y los boletinan a todas las minas, para que ya no vuelvan a trabajar". Sin contratiempos Mario, un joven de 18 años de edad que laboró aquí, contó que usaba unas botas dispares y el día que se atrevió a quejarse, le advirtieron que pasara por su liquidación. Quizá por eso nadie dijo nada a Napoleón, a pesar de que dos días antes exigían su presencia. El líder sindical entonces caminó sin contratiempos hostiles hasta el acceso principal de la Industrial Minera Mexicana, no sin antes ser bendecido por el obispo Alonso Garza, por liderar a las cuadrillas de rescate que luchan por encontrar a los mineros caídos en desgracia. Entonces, quizás, la tragedia de los mineros continúe escribiéndose en boletín.... Hasta el momento, nadie sabe cómo ni cuándo los encontrarán. Por lo pronto, un medio televisivo nacional se atrevió a hacer sus propias conjeturas cuando lanzó al aire que 26 de los 65 mineros atrapados estaban muertos: "Eso no quiere decir que hayan llegado a ellos", se escuchó en el medio televisivo que lanzó la muerte a todo el país. Quién dijo que no hay quinto malo, si el quinto en la mina 8 ha sido el peor.
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