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Ballenas grises, eternas peregrinas

En su periplo desde el Polo Norte, los cetáceos se enfrentan a la contaminación de los mares y al mayor de los peligros... el ser humano

ELINO VILLANUEVA Y ARTURO SORIANO
El Universal
Domingo 15 de enero de 2006

PUERTO ADOLFO LOPEZ MATEOS, BCS.- Es diciembre en las zonas costeras de Baja California Sur, en el litoral del océano Pacífico, y la monotonía del fuerte oleaje y las salidas a la pesca de escama y de almeja son lo cotidiano. Empieza a arreciar el frío y, con los primeros días del Año Nuevo, empiezan a apreciarse a lo lejos las primeras ballenas grises.

Entonces inicia el ajetreo: los pescadores se alistan para cambiar su actividad, al menos durante la temporada de arribazón, y dejar de capturar peces y moluscos para dedicarse a la transportación de turistas a los santuarios peninsulares del gigantesco y amistoso cetáceo, donde bien se puede, incluso, acariciarlos, pues ellos mismos en su enormidad se aproximan a las "pangas".

Los prestadores de servicios también se disponen a organizar sus restaurantes y sitios de venta de artesanías o transporte en lanchas a los miles de paseantes que llegarán entre enero y marzo para admirar uno de los ciclos naturales más impresionantes: el apareamiento de los adultos y la parición de los pequeños mamíferos que, al nacer, pesan ya una tonelada.

Al final de la temporada, unas 20 mil ballenas habrán estado en las cálidas aguas de sus santuarios en la península de Baja California, y alrededor de 40 mil visitantes habrán visitado esta entidad para apreciar su migración. Unos 350 ballenatos habrán nacido para ayudar a la definitiva recuperación de la especie, luego de que a principios del siglo pasado estuvo a punto de extinguirse.

Se cumple así con una de las migraciones más extensas en el mundo animal. Las ballenas grises viajan alrededor de 12 mil kilómetros, desde las frías aguas del Polo Norte hasta las lagunas de la península de Baja California, nadando a razón de unos 18 kilómetros por hora, en grupos familiares de entre 15 y 20 ejemplares, pasando por las costas de Canadá y Estados Unidos.

Los expertos relacionados con las ballenas grises coinciden en que el principal riesgo para los gigantes amistosos ya no es la posibilidad de que se extingan, porque su población logró estabilizarse, sino las actividades humanas que, a lo largo de su recorrido, pueden afectarlas, sobre todo porque se trata de la más primitiva de las ballenas en el mundo.

La cacería provocó que en algún momento, en el siglo pasado, se calculara que existían apenas 250 ejemplares, es decir, casi a punto de extinguirse. Para la temporada 1967-1968 su población llegó a más de 12 mil ejemplares, y entre 1997 y 1998 se registró una cifra de 26 mil ballenas, que se traduce en un aumento del más de 100% en 30 años.

Mexicanas por nacimiento

Para el doctor Luis Fleischer, quien dedicó 16 años al trabajo especializado en la Comisión Ballenera Internacional incluso llegó a presidir dicho organismo por parte de México entre 1992 y 1994, las ballenas grises son mexicanas porque nacen en aguas nacionales y no como se piensa comúnmente, que solo "vienen" a pasar el invierno para reproducirse.

"Normalmente se hace ver como si las ballenas fueran ´prestadas´, pero no: son mexicanas porque nacen aquí", consideró el investigador Luis Fleischer, autor del libro La ballena gris, mexicana por nacimiento.

Y es que la ballena gris es, en la práctica, un símbolo para Baja California Sur, pues cada año alrededor de 40 mil turistas de todo el mundo acuden a esta entidad para apreciar el singular fenómeno de la arribazón de los gigantescos animales, principalmente en sitios como las lagunas de Guerrero Negro, Ojo de Liebre y San Ignacio, en el norte, en el municipio de Mulegé, y las bahías Magdalena y Almejas, más al sur, en la municipalidad de Comondú, donde se localizan los puertos de San Carlos y Adolfo López Mateos. Al sur, en Los Cabos, donde suelen verse a las ballenas desde los hoteles.

Permanencia de la especie

La ballena gris sólo se reproduce en la península de Baja California porque, de acuerdo con los científicos, no existe otro lugar en las mismas condiciones que permitan la permanencia de la especie. Al tratarse de la más primitiva de las ballenas, además de ser de las más pequeñas entre ellas, su comportamiento está limitado en muchos factores para permitir su subsistencia.

Las aguas de las lagunas peninsulares ofrecen condiciones para que la especie sobreviva: son someras y tranquilas, poco profundas -no más de 50 metros-, carecen de depredadores y, sobre todo, se ubican en la región donde la Corriente de California topa con la Norte-Ecuatorial, de aguas más cálidas, lo que crea temperaturas ideales para su reproducción.

Esa situación se ajusta a la naturaleza "litoral" de las ballenas grises, pues a diferencia de las "oceánicas" -como la azul, por ejemplo, la más grande entre todas-, prefiere comer y transitar por aguas cercanas a las costas, entre sus lugares de reproducción y los mares de Behering, donde pasa el verano y se alimenta de crustáceos.

La quietud de las aguas peninsulares permite a las ballenas enseñar a sus crías a enfrentar los peligros en el mar, pero también alimentarlas con suficiencia para que crezcan con rapidez y puedan volver con ellas en el largo camino de regreso al Polo Norte. "De lo contrario, en aguas menos tranquilas el desgaste de energía sería mayor y no crecerían rápido", considera el especialista Fleischer.

El riesgo: la presencia del hombre

Por su proclividad a mantenerse cerca de los litorales, las ballenas grises han aprendido a convivir con los humanos. Eso explica el hecho de que, durante los viajes de turistas a las zonas de avistamiento, ellas mismas sean las que se aproximen a las embarcaciones para ser acariciadas por los visitantes. Por desgracia, ese es, también, su principal riesgo.

Durante su permanencia cíclica y a lo largo de su recorrido, las ballenas deben enfrentar la contaminación de los mares, las descargas de aguas residuales en las poblaciones o de industrias en las grandes ciudades cercanas a la costa, la basura que dejan las grandes embarcaciones pesqueras y en los últimos años muchas de ellas han muerto atrapadas en redes abandonadas en las costas por las que se trasladan, dice el investigador universitario, Carlos Villavicencio Garayzar.

Toman registro de las ballenas jorobadas

Durante la presencia de ballenas jorobadas, que procedentes de Alaska llegan a la costa sur de Nayarit para parir y aparearse durante esta temporada invernal, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) realizará con el apoyo de un grupo de investigadores, un amplio seguimiento de esta especie para tener cifras del número de estos cetáceos que emigran.

Carlos Villar Rodríguez, jefe del Departamento de Recursos Naturales y Vida Silvestre de la Delegación de la Semarnat en Nayarit, informó que mediante una acción coordinada, con cámaras fotográficas y de video se harán tomas de las colas de estos cetáceos para lograr esa información.

"Las diferentes tonalidades de las colas que presentan las ballenas tienen similitud con las huellas digitales de los humanos, en cuanto a que ninguna es igual", precisa.

Se estima que estos cetáceos realizan un viaje de aproximadamente 10 mil kilómetros desde los mares del norte, cada año, para reproducirse y aparearse en esta zona del litoral nayarita.

La presencia de este mamífero marino en una extensión ubicada entre las Islas Marietas y Punta de Mita, en el municipio de Bahía de Banderas -casi en los límites de Nayarit y Puerto Vallarta, Jalisco-, se inició en los primeros días de diciembre y continuará hasta el mes de abril.

Durante las primeras semanas de esta estancia en aguas más cálidas, se realiza el parto y los ballenatos son amamantados con leche materna muy alta en grasas.

Posteriormente los machos, que se habían mantenido alejados de la costa para no entorpecer este proceso, se acercan a las aguas más bajas para realizar el cortejo mediante grandes saltos sobre la superficie del mar y lograr el apareamiento.

 
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