BELISARIO DOMÍNGUEZ, Chis. Como una premonición, en la casa de Silvia Ordóñez, a 20 metros del río Naranjo, dos libros que nadie ha tenido tiempo de leer, El año que duró por siempre y Explicación del libro del Apocalipsis, parecen reafirmar la desgracia que viven miles de campesinos, que perdieron todo por las intensas lluvias a principios de mes. Junto al teléfono satelital de doña Silvia, dos relojes, uno digital y otro de manecillas, marcan horas diferentes, 10:55 y 15:06, como para confundir más la tortuosa vida de los habitantes de la sierra Madre que claman ayuda humanitaria, pero lo único que reciben es sal y agua.
En este pueblo, donde 214 casas resultaron dañadas por las corrientes de los ríos y arroyos, los únicos que parecen alegres son los niños que aprovechan las pozas para darse un chapuzón o jugar una cascarita de futbol en las playas.
En seis de los 10 barrios, las aguas de los ríos horadaron viviendas, escuelas, un mercado, una iglesia adventista, dos fincas cafetaleras, pero también revolcaron autos, camas, estufas, colchones, mesas, ropa y trastos. "El río parecía mar", evoca con tristeza una joven.
Efraín Ceja Isiordia, que presidió el Comité de Vivienda, dice que aún persiste la emergencia en esta comunidad, donde convergen 22 mil personas de 70 comunidades de los municipios de Motozintla, Escuintla y Huixtla, muchos de ellos que todavía requieren ayuda urgente.
La emergencia atrajo a un grupo de 127 evangélicos de la Iglesia Jesús es el Camino, de Tuxtla Gutiérrez, que instaló cocinas comunitarias para alimentar hasta mil personas con tres alimentos diarios, todo porque "las despensas las están escondiendo, por eso vinimos para darle de comer a la gente que está bajando de la sierra", matiza la señora Cruz Pardo Bautista.
Lo peor parece venir, sobre todo porque un representante de la Cruz Roja Mexicana aseguró que la entrega de ayuda humanitaria vía aérea podría ser suspendida este domingo, porque ahora la prioridad del gobierno es el Caribe.
Un voluntario, quien pidió no revelar su nombre, dijo preocupado que esto podría provocar la muerte por hambre de los damnificados, y las enfermedades podrían agudizarse porque no hay asistencia médica en las comunidades serranas.