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'Culpables de la tragedia que viven'

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Guillermina Guillén/Enviada
El Universal
Domingo 09 de octubre de 2005

SIERRA NORTE, Pue."No lo dudo, nos vamos a recuperar y esperamos que nos echen la mano porque nos quedamos sin nada. Nosotros lo único que traemos es nuestra ropa y lodo porque calzado no... haga de cuenta que estamos como durmiendo", testifica Enrique Pozadas Sánchez, vecino de la comunidad de La Manzanilla, municipio de Xochiapulco, quien vio cómo la casa de sus vecinos, los García, era enterrada por un alud.

El indígena hablante de náhuatl narra al gobernador de Puebla, Mario Marín Torres, y al secretario de Salud federal, Julio Frenk, cómo ocurrió la muerte de un joven de 26 años, un bebé de año y ocho meses y una mujer de 64 años por causa de las torrenciales lluvias del pasado jueves.

De la sierra bajó con la lluvia toda la miseria que ahí habita.

Ataviados con ropa de manta, muy pocos con sandalias, mujeres cargando junto a su pecho sus hijos y niños con hambre, llegaron a donde fueron citados.

El primer punto de encuentro fue la escuela rural de La Manzanilla. Ahí les avisaron que tenían que llegar porque estaría el gobernador.

Caminaron desde sus comunidades al menos dos horas y media para cumplir con la cita y escucharon, como ya es costumbre para ellos, promesas y más promesas; pero también un llamado de atención del mandatario estatal.

Mario Marín les ofreció apoyo pero también les aclaró que "los tiempos han cambiado" y que no pueden seguir viviendo debajo de los cerros.

Concretamente los responsabilizó por vivir en zonas de alto riesgo sin considerar que las propias autoridades los han dotado pese a todo de servicios públicos.

Aún más, no hubo ningún comentario con respecto a la reubicación de esta gente que vive en pobreza extrema y que, además de quedarse sin vivienda, perdieron sus cosechas de maíz y frijol, alimentos que les permitirían subsistir en lo que resta del año.

El segundo punto fue la escuela primaria urbana federal Coronel Carlos Bentacourt , municipio de Zacapoaxtla, que pasó a la historia de México porque sus indios participaron en la guerra contra los franceses.

La historia, sin embargo, no le ha hecho justicia a su gente.

Viven en zonas de alto riesgo y pese a que aquí hace seis años también ocurrieron derrumbes por las lluvias torrenciales de la época, es la fecha en que no se han recuperado los caminos que permitirían a esta gente huir de una eventualidad.

Atún, frijoles bayos refritos, ensaladas de pollo con verduras, sardina, y leche en polvo, todos enlatados, fueron celosamente vigilados en este lugar que sirvió de albergue para los indígenas afectados por las lluvias.

Según testimonio de ellos mismos, rara es la vez que llegan a consumir estos productos; pero no representó obstáculo para que los aceptaran. El problema es que de acuerdo con las autoridades locales no alcanzarían para todos.

Los indígenas tenían hambre y el tiempo para subir al cerro de vuelta con sus alimentos apremiaba. La ayuda, sin embargo, no se les repartió.

"¡Háganse a un lado, quédense en la orilla porque tapan las cajas y no las dejan ver!", gritaba un representante del DIF estatal a toda la gente que se arremolinó en el albergue para ver y escuchar al secretario de Estado que el presidente Fox envió en su representación, y al gobernador.

La alerta del funcionario del DIF era para que las cámaras de televisión captaran toda la ayuda que había llegado, pese a que los organizadores no encontraban la forma de repartir esa ayuda porque, dijeron, no alcanzaría para tanta gente. "Hay más despensas; pero están atoradas porque los caminos quedaron bloqueados", argumentaron.

Al fondo sus rostros resecos veían con entusiasmo decenas de cajas de cartón que contenían un kilogramo de azúcar, otro de arroz, otro de frijol, medio litro de aceite y una lata de atún.



 
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