aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Bomba de tiempo en Oaxaca


Martes 22 de julio de 2003 Alberto López Morales/Corresponsal | El Universal

Juchitán, Oax. Víctimas de la pobreza, unos mil 500 indígenas del sur de Oaxaca viven con el riesgo bajo sus pies al construir sus viviendas sobre el derecho de vía (DDV) de Pemex, donde pasan seis ductos que transportan crudo, gasolinas, amoniaco, diesel y gas doméstico.

"Esas 300 familias viven bajo el riesgo de cualquier contingencia por el derrame de combustible o la fuga de gases, y lamentablemente la empresa petrolera no resguarda sus instalaciones en forma adecuada", advirtió el coordinador de la Unidad Regional de Protección Civil, Jesús González Pérez.

Dos oleoductos de 30 y 48 pulgadas, que transportan crudo maya e istmo para exportar o procesar en la refinería Antonio Dovalí Jaime de Salina Cruz, provienen de Nuevo Teapa, Veracruz. A un costado corre el poliducto de 16 pulgadas, procedente de Cosoleacaque, Veracruz, con derivados del hidrocarburo.



No hay dinero

"Trabajamos con saliva en coordinación con las unidades municipales de Protección Civil para lograr la reubicación de esas viviendas", dijo un funcionario del área de Administración Patrimonial, para explicar que "no hay recursos" para reubicar a las 300 familias asentadas sobre el DDV de Pemex y dispersadas en 287 asentamientos irregulares.

Con la condición de mantener su identidad en el anonimato, el funcionario de la industria petrolera aseguró que esos asentamientos "obstruyen y encarecen los trabajos de mantenimiento de los ductos". En el 2002, la empresa pagó dos millones de pesos en indemnizaciones por daños causados por mantenimiento.

El funcionario lamentó que las autoridades municipales, a quienes al inicio de su gestión Pemex les informa la ubicación de su DDV para que regulen el crecimiento de la mancha urbana, "no sean corresponsables en la cultura de la coexistencia y desdeñen su plan de desarrollo, lo que provoca el crecimiento anárquico de las poblaciones".



Piden reubicación

En la zona norte del Istmo, un lugar conocido como Tolosita, en el municipio de Matías Romero, es el punto intermedio del corredor transístmico de ductos. Sin vigilancia y señalamientos de advertencia, con el portón abierto a quien desee entrar, funciona la estación de válvulas de oleoductos y poliductos.

A unos 50 metros fuera del derecho de vía, en el barrio Cantarranas, está la vivienda de doña Gloria San Germán, quien nació ahí hace 45 años. "Todos los vecinos vivíamos bien, hasta hace 14 años, en que la empresa petrolera cambió la ubicación de sus ductos y los colocó detrás de nuestras casas", recuerda.

A las nueve de la mañana de un domingo de 1989, "cuando los trabajadores y las máquinas realizaban los trabajos, vino una fuerte explosión y un incendio que acabó con todo. No sabemos cuántos murieron y desde entonces vivimos con miedo", explica su vecina, doña Josefa Martínez Muría.

"Desde hace 14 años siempre vivimos con el olor de la gasolina, avisamos al personal de Pemex, nos dicen que vendrán, pero nunca se aparecen y cuando lo hacen es nada más para regañarnos. ¡Métanse a sus casas y no salgan!, nos gritan", cuentan las dos.

En mayo del año pasado "una lumbre grande salió de la tubería y todos corrimos. Después avisamos, pero ni caso nos hicieron. Llegaron los de Pemex hasta el otro día. Ya estamos enfermas de miedo", dice doña Gloria, cuyo esposo, Simitrio Martínez advirtió que "cerca del río puede ocurrir una tragedia porque la corriente del agua escarba y golpea los ductos con las piedras que arrastra en esta época de lluvias".

Simitrio Martínez advierte la tragedia porque "así ocurrió en Ciudad Mendoza, Veracruz, al desbordarse el río Chiquito". A él lo enviaron a trabajar allá después de la explosión. Narra que vio cómo muchos camiones de volteo tiraban cal por todos lados para matar la peste de tantos muertos.

Ramiro Rudo Velásquez, agente municipal de Tolosita, pequeño poblado mixe de mil campesinos que subsisten de la siembra de maíz y frijol, recogió la preocupación de las familias del barrio Cantarranas que, sin estar dentro del DDV, solicitan la reubicación.

"Vamos a hablar con la gente de Pemex y programar con ellos una reunión", les dijo el coordinador regional de Protección Civil, Jesús González Pérez, quien recibió las quejas "porque huele mucho a gasolina en una poza que abrió y medio tapó la gente de Pemex".



?Nos dieron mil pesos?

En el poblado zapoteco de Chivela, perteneciente a Asunción Ixtaltepec, vive don Servando Antonio Alvarado, su esposa Alejandrina Benítez y sus hijos Yoani y Sebastián. La humilde casa, de adobe y techo de cartón, hace cinco años quedó atrapada en medio del derecho de vía.

"Nosotros ya estábamos aquí, nada más pasaban los tubos grandes que llevan petróleo, después vino la gente y abrió la zanja para colocar otros. Dicen que es puro gas, pero nos aseguran que no es peligroso. La gente de Pemex nos dio mil pesos", dice don Servando.

"Fue una migaja lo que nos dieron, pues después supimos que más adelante pagaron hasta 10 mil pesos", reconoce don Servando en medio de su tristeza porque ahora nadie lo contrata para limpiar parcelas.

"Lo bueno es que nos ayudaron a meter la luz", tercia su esposa Alejandrina, quien señala hacia los cables que conducen la energía eléctrica a la vivienda rústica y a una caseta construida por Pemex en terrenos de don Servando Antonio. "No sabemos qué hay adentro, pero la cuidamos", dice de la caseta donde están los tableros eléctricos que regulan la operación de los ductos de la paraestatal.



PUBLICIDAD