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Migrantes pasan de 'La Bestia' a 'El Diablo'

Buscan llegar a EU por ruta Pacífico Norte; soportan temperaturas extrema en zonas desérticas de Sonora y Baja California

Carnitas y mole verde, servidas con refresco de "cola" fue la última buena comida que recuerdan Édgar, Emilia y Wagner Jorge Serratos /EL UNIVERSAL

Le confesaron que estaban de paso y su caminar terminaría en Mexicali, allá en el norte rumbo a Estados Unidos. Para Eduardo, uno de los migrantes, esa cena de mayo fue lo más cercano a Dios Jorge Serratos /EL UNIVERSAL

Hoy están sentados, cruzados de piernas, en uno de los pasillos de un refugio para migrantes en Mexicali, tardaron 38 días en llegar desde Guatemala; primero se subieron a "La Bestia" y después abordaron el tren carguero de la ruta pacífico norte de Ferromex Jorge Serratos /EL UNIVERSAL

"Hay algo que no contemplamos, este tren se mete al infierno, al desierto… no sabes, no te puedes imaginar", comenta Édgar, quien dice que lo han empezado a llamar El tren carguero del Diablo Jorge Serratos /EL UNIVERSAL

Ante la violencia en ciudades fronterizas como Tamaulipas, centroamericanos y mexicanos han emprendido esta nueva ruta como paso migrante Jorge Serratos /EL UNIVERSAL

La zona desértica de Sonora y Baja California es la más compleja, pues en una extensión de casi mil kilómetros, deben soportar temperaturas extremas Jorge Serratos /EL UNIVERSAL

En Mexicali, a finales de junio, se registraron hasta 48 grados centígrados, con una sensación térmica superior a los 50 grados; en Sonora, a principios de julio el termómetro alcanzó 47 grados Jorge Serratos /EL UNIVERSAL

Los migrantes encontraron en la ruta norte del Pacífico un caminoalterno para cruzar la frontera en

OPCIÓN. Los migrantes encontraron en la ruta norte del Pacífico un caminoalterno para cruzar la frontera en la búsqueda del "sueño americano", aunque por esta vía deben enfrentar climas extremos. (Foto: LAURA SÁNCHEZ EL UNIVERSAL )

Domingo 14 de julio de 2013 Laura Sánchez / corresponsal | El Universal04:05
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MEXICALI
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EL OTRO CAMINO AL INFIERNO
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Carnitas y mole verde, servidas con refresco de cola” fue la última buena comida que recuerdan Édgar, Emilia y Wagner. Ese día de mayo, los tres guatemaltecos, acostumbrados a servir, fueron atendidos. Les pusieron un mantel, destaparon una cerveza y les pasaron charolas con maciza, buches y tripitas.

Don Chema, el propietario de un puesto de comida cercano a la estación del tren Bojay, en Hidalgo, les advirtió con tono brabucón: “Siéntense, que hoy nosotros les vamos a servir…”; durante el trajín por México, los centroamericanos le ayudaron un par de días.

Le confesaron que estaban de paso y su caminar terminaría en Mexicali, allá en el norte rumbo a Estados Unidos. Para Eduardo, uno de los migrantes, esa cena de mayo fue lo más cercano a Dios.

Hoy están sentados, cruzados de piernas, en uno de los pasillos de un refugio para migrantes en Mexicali, tardaron 38 días en llegar desde Guatemala; primero se subieron a La Bestia y después abordaron el tren carguero de la ruta pacífico norte de Ferromex.

“Hay algo que no contemplamos, este tren se mete al infierno, al desierto… no sabes, no te puedes imaginar”, comenta Édgar, quien dice que lo han empezado a llamar El tren carguero del Diablo.

Ante la violencia en ciudades fronterizas como Tamaulipas, centroamericanos y mexicanos han emprendido esta nueva ruta como paso migrante.

Las vejaciones que vivían en La Bestia y las cuotas que pandillas les han impuesto para abordarlo, los han obligado a viajar en camión desde el sur de México hasta la Ciudad de México. De ahí parte la ruta del Pacífico: ese tren carguero que transporta chatarra u otros productos y atraviesa ciudades como Guadalajara; su destino final es Mexicali.

La zona desértica de Sonora y Baja California es la más compleja, pues en una extensión de casi mil kilómetros, deben soportar temperaturas extremas.

En Mexicali, a finales de junio, se registraron hasta 48 grados centígrados, con una sensación térmica superior a los 50 grados; en Sonora, a principios de julio el termómetro alcanzó 47 grados.

Descenso “al infierno”

Édgar Fuentes salió de Guatemala el 17 de mayo de 2012 con su esposa Emilia. Apenas tienen tres meses de casados y uno viajando de estación en estación rumbo a Estados Unidos. Entrar a México fue difícil, pero con la “ayuda de Dios” idearon un “plan maestro”.

Fueron al templo de su pueblo en Guatemala, se pusieron camisetas de la congregación y tomaron un paquete de volantes que promueve la palabra del Señor. Se hicieron pasar por misioneros.

Al llegar al ferrocarril al que apodan La Bestia, un hombre que se identificó como “mara” les exigió un pago de 10 mil pesos; ellos contestaron que no, no iban a Estados Unidos y sólo querían difundir el mensaje de Dios a bordo del tren. Les confesó que su familia era creyente y los dejó subir al tren pidiéndoles un último favor: “Díganle a Dios que me proteja y dénme la bendición”.

En Tierra Blanca, Veracruz, bajaron del tren, les dijeron que en el norte gente de Los Zetas secuestraban migrantes. A partir de este momento, la pareja decidió tomar un camión con sus pocos ahorros y llegar a la Ciudad de México. Un amigo de Édgar les recomendó una nueva ruta que partiría del DF y pasarían por dos lugares que describirían como “el infierno”: Sonora y Mexicali.

Pasaron por Irapuato y llegaron a Guadalajara, donde un grupo de presuntos policías federales, a golpes e insultos, los obligó a bajar, aseguran. “En Guadalajara, Emilia nos dio un susto, ¡cuéntale Emilia!”, José cede la palabra a su esposa: “Me iba a arrastrar el tren, me caí, como no estoy acostumbrada, quise agarrarlo caminando, me jalaron y me caí. Mis pies se fueron para debajo de las ruedas”.

Emilia jaló a Eduardo, quien, como en cámara lenta, vio cómo su esposa caía: “que nos mate a los dos, pero a los dos juntos, será de Dios”, a nadie le pidió que lo salvará, “sálvala a ella”. Ambos acabaron tirados a un costado de las vías.

La pareja pensó que lo peor había pasado. Entonces, al salir de Sinaloa, entendieron por qué les advirtieron que descenderían “al infierno”. En el lomo del tren, los guatemaltecos que trabajan de panaderos en su tierra, sintieron igual que cuando el horno se abre y el calor les cae directo a la cara, estaban en Navojoa; no se podían mover, respirar ni hablar.

“Es duro pasar por ahí, fue algo bien horrible; se acaba el agua, empiezas a experimentar la insolación, y cuando la lengua se te seca, te tocas y no tienes saliva; es como la lengua de vaca”, recuerda Édgar.

Jura que no miente, es testigo de su propia historia: tuvo que tomar sus orines, “la arena te pega en los ojos. Quisieras bajarte, buscar agua para mojarte; el viento lejos de refrescarte te ahoga, hasta cuando hablas sientes vapor en la sangre”.

El tren debe recorrer más de 900 kilómetros desde Navojoa hasta San Luis Río Colorado, unas 10 horas de camino, con temperaturas en verano de 48 grados, explica Protección Civil en Sonora.

Baja California, nueva ruta

Para Hugo Castro, coordinador internacional de la organización “Ángeles sin fronteras”, el pacífico mexicano se ha convertido en la nueva ruta. “Es más segura”, dice, aunque pide no ser malinterpretado: “hay violencia, pero no a los niveles que se registran en Tamaulipas”.

La ruta del migrante giraba en torno al paso de La Bestia, explica, pero estos últimos meses se ha corrido la voz de que Mexicali es una ciudad más segura, comparada con otras fronteras norteñas.

Sergio Tamai, activista fundador del “Hotel Migrante”, explica que desde que empezó el tema del secuestro y extorsión, el fenómeno migratorio cambió. “Cada día llegan más centroamericanos, tuvimos que abrir una área especial, desde que llegan en el tren carguero”.

En la ruta del Pacífico los funcionarios son igual de corruptos y están coludidos con bandas, considera Tamai, quien, cabizbajo, lamenta que por donde quiera que pasa el tren, los migrantes son despreciados por la gente. “Arriesgan su vida, son secuestrados, violados, se enfrentan al calor; es una tristeza, llegan con sus pies lastimados, llegan amputados”.

El titular de la Dirección de Bomberos de Mexicali, Rubén Osuna Beltrán, dice que en lo que va de 2013 han atendido a dos migrantes, a quienes tuvieron que amputarles brazos y piernas. En el desierto de Mexicali, en un área de 40 kilómetros con temperaturas de hasta 53 grados, han rescatado los últimos seis meses a 10 indocumentados.

Delincuencia organizada

En la nueva ruta para llegar a Estados Unidos, los migrantes no están exentos de la delincuencia organizada y la corrupción. Víctor Sosa tiene 39 años, es originario de El Salvador y trabaja en Mexicali estacionando carros en el centro. Comparte turno con José Ramón, también de 39 años, migrante hondureño. Se ofrecen a recorrer el trayecto del tren carguero en la capital de Baja California.

Víctor apunta los vagones: “mira, así llegué, adentro de la góndola en un agujero”. El hoyo donde viajó desde la Ciudad de México durante una semana, mide 80 centímetros de alto. Hay que apretujarse, deben caber hasta tres personas.

José Ramón dice que en el trayecto hay que protegerse más de la policía que de los narcotraficantes. Ambos, él y Víctor, cuentan que “la policía te quita hasta los tenis y el poco dinero”.

Dice que a su paso por el norte de Sinaloa, se subieron al tren hombres que se identificaron como gente del capo Joaquín El Chapo Guzmán. “Nos preguntaron que de dónde éramos. ‘No tengan miedo’”, les dijeron con armas en mano. Solicitaron que les dijéramos si alguien nos estaba molestando o robando y ofrecieron un estáte quieto.

Alejando Solalinde, director del refugio “Hermanos en el camino”, dijo a EL UNIVERSAL que él no tiene información de que el cartel del Sinaloa se dedique al secuestro de migrantes. “De Los Zetas no lo dudo, pero del de Sinaloa, pues no”.

Víctor, originario de El Salvador, coincide en que la zona más peligrosa para los migrantes es en el norte de Sinaloa, aunque no se compara con Tamaulipas. “No les importa si eres centroamericano o mexicano, te roban igual”.

Antes de llegar a Baja California, fue obligado a robar chatarra del tren carguero en Mazatlán. “nos hicieron bajar unos fierros, la misma Policía Federal. Y uno tiene que ver oír y callar. Ellos te dicen: ‘ustedes se van a ir con nosotros, necesitamos que nos colaboren’”.

En Sonora, cuenta que los presuntos federales te dejan llegar hasta la zona desértica. Los bajan, tiran en el desierto. “Iba para Benjamín Hill, antes de que el tren salga te agarran los federales, y te preguntan ¿te quieres ir? Y nos quitan entre 20 pesos o 200 pesos”.

En Benjamín Hill, dice, la Policía Federal le advirtió que no pueden pedir agua, si los descubren amenazan con perderlos en el desierto. En Sinaloa se escuchan balazos y gritos de migrantes; en Sonora, te bajas “desmadrado” de la cara, pies y manos; en Mexicali, ya no hay fuerzas…

El tren carguero de las seis de la tarde, llegará a Mexicali en unas horas. Desde las vías del tren Víctor y José, miran al sur por donde arribará el ferrocarril. “No son la Bestia, el Diablo, son mentiras que se han inventado para quitarse de encima tantos muertos”.

Tamai afirma que este 2013 llegan al día unos 50 migrantes. La nueva ruta se populariza y en los albergues de Mexicali cada día es más difícil acoger a todos.



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