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| La malicia de Tom |
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Julio Alejandro Quijano
El Universal Jueves 21 de mayo de 2009 |
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A los 52 años, Tom Hanks asegura que toda película quisiera generar polémica, como Ángeles y demonios, que se estrena mañana
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julio.quijano@eluniversal.com.mx
No es cierto que todo el mundo ame a Tom Hanks. Al contrario, el propio actor, nacido en EU el 9 de julio de 1956, admite que mucha gente lo odia y, sin buscar ser amado, asegura que todas las películas quisieran generar polémica, aunque este no sea un elemento que pueda fabricarse en una oficina de marketing. Con la malicia que le otorga ser uno de los actores más poderosos de Hollywood, Hanks estrena este viernes Ángeles y demonios, la segunda parte del Código Da Vinci, inspirada, cómo no, en un libro del controvertido Dan Brown.
“Mi trabajo es actuar. Si me amas por eso, bien; si no, entonces es tu problema y tendrás que lidiar con ello”, asegura en entrevista exclusiva con KIOSKO. El reciente premio que recibió Hanks fue el Chaplin Award otorgado por el American Film Institute en abril. “Tenía algunas dudas, tuve que asegurarme de que el instituto realmente quería darme el premio a mí y no a algún otro Tom”, bromea con el tono extrovertido que lo caracteriza. Han pasado ya tres lustros desde que ganara su segundo Oscar por Forrest Gump. “Ese día supe que mi trabajo valía, que todo el esfuerzo de años tendría su recompensa en Hollywood”, evoca. —En la fiesta del “Chaplin Award”, Julia Roberts dijo que todos aman a Tom Hanks porque es talentoso, guapo y gran amigo ¿estás de acuerdo? —Para nada. Es un hecho que mucha gente no piensa eso... yo tampoco hago el intento de que todo el mundo me ame. Comencé mi carrera en teatro de repertorio, donde se forman compañías de 30 personas que conviven casi todos los días; sé que no todos se caen bien, que hay personas que te odian. Pero cuando llegas al escenario, tienes que respetar a todos: hay paz durante las dos horas de función; luego regresan a odiarse unos a otros. Lo tengo muy claro: si me aman por mis actuaciones, bien; sino pues tendré que lidiar con ello. —Luego del premio ¿sientes el peso de Chaplin sobre tus hombros? —No siento ninguna responsabilidad diferente. No quiero ir hacia el futuro pensando que soy fascinante y que debo convencer a todo el mundo. Me conformo con que mi premio haya servido para que los invitados tuvieran una fiesta divertida. Una de las cosas que aprendes de Chaplin es que las buenas películas duran por siempre. —¿Cuántas de sus películas durarán por siempre? —Ese es mi trabajo, hacer alguna buena película que sea recordada. Desde el comienzo de mi carrera me empujaba a hacer lo mejor posible así que el premio Chaplin no me hace diferente porque no puedo imaginarme exigiéndome más. —El cine es para siempre pero el teatro es fugaz... —El teatro se queda en la memoria de la gente. La televisión es el reino del escritor, el cine es del director, pero en teatro el actor es el rey. —Si ama tanto el teatro ¿Por qué ha estado tanto tiempo cerca de Hollywood y lejos de las obras? —Mi hijo ahora actúa en Broadway de modo que eso me permite una cierta conexión. Yo lo extraño. Siento melancolía por la rutina de hacer una función todas las noches a la nueve. Me encantaría hacerlo pero es difícil cuando tienes que estar un día en Roma y al siguiente en Tokio. —¿Por qué lloró la noche en que ganó el Oscar en 1995? —Fue un momento muy personal, muy íntimo. Estaba mi esposa a quien le dediqué el premio. Sabíamos que era importante porque el personaje de Forrest Gump había sido muy demandante. Y de pronto, después de tanto trabajo, estábamos ahí con un Oscar en la mano. —Y le ganó a Morgan Freeman y a Paul Newman. —¡Sí que lo hice! Dos grandes muchachos. Tom Hanks nunca evade preguntas. Durante el estreno mundial de Ángeles y Demonios en Roma, le cuestionaron si la cinta se aprovechaba de su temática (un complot en la sucesión del Papa) para inventar una falsa polémica con el Vaticano. “Le aseguro que todos las películas quisieran provocar polémica pero no es algo que se pueda inventar desde una oficina de marketing”. La cinta que se estrena este viernes en México tiene como telón de fondo esta anécdota de una secta (los Iluminati) que intenta hacer volar el Vaticano durante el cónclave; sin embargo, la historia escrita por Dan Brown es en realidad un alegato sobre las disputas que la religión siempre ha mantenido contra la ciencia en especial contra Galileo Galilei. —¿Es un hombre de fe o de ciencia? —Ambos. Pienso que es necesario creer en algo más grande que tú mismo. Respeto a mi vecino que asiste a la iglesia, pero nadie puede obligarme a mí a ir a la iglesia. Voy cuando el espíritu me mueve. —Hay una teoría que asegura que el desarrollo de la ciencia nos ha rebasado y terminaremos por destruir la humanidad ¿lo ha pensado? —Nosotros hemos construido la bomba atómica, las guerras, las enfermedades. Pero somos nosotros, no la ciencia. El otro extremo es creer que la naturaleza nos cuidará por siempre pero ¿qué pasa entonces cuando erupciona un volcán o con los tsunamis? La ciencia y la naturaleza son fuerzas igualmente poderosas.
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