Dan luz a la entraña de la conquista

La serie Sitiados, que estrena su segunda temporada, mezcla hechos históricos y ficción
Lo mismo minas que islas sirivieron de locación para la segunda temporada de Sitiados (FOX)
16/03/2018
00:02
Erika Monroy
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Zipaquirá, Colombia.— El ambiente es salado. Poco a poco la sal se adueña de la saliva, de las fosas nasales y de los pulmones. Los túneles conducen al centro de la tierra y no, no es un cuento de Julio Verne.

Los cristales salinos fungen como decoración de los muros y brillan a pesar de la oscuridad; ahí los pasos se hacen ecos y la respiración se enrarece lentamente.

Así es la mina de sal, el monumento más importante de Zipaquirá, una provincia a las afueras de Bogotá, capital colombiana.

El camino hacia el corazón de la mina tiene una serie de elementos religiosos, por los cuales la conocen como la Catedral de Sal. Ahí, además de las cruces de piedra y de algunas esculturas que representan pasajes de la biblia, aparecen las cámaras, las luces y el equipo de producción de FOX Telecolombia, que sustituye a los mineros y capataces.

La idea de la producción es llegar a un espacio que fungirá como una cárcel y así encontrar el escenario perfecto para la historia que se verá en la segunda temporada de Sitiados.

La serie estrena hoy el primer capítulo de esta historia a las 20:00 horas a través de FOX Premium. Ahí se mostrará una parte de la conquista española desde el punto de vista latinoamericano.

En un pequeño hueco ajustan las luces, las cámaras y el forraje en donde el actor tendrá que mostrarse torturado y con algo de desesperanza.

A las afueras de la mina está Andrés Parra, quien es el protagonista de esta historia junto al mexicano Ricardo Abarca, el chileno Bejamín Vicuña, la venezolana María Gabriela de Faría.

Ahí, el colombiano, que es reconocido por darle vida a Pablo Escobar y recientemente a Hugo Chávez, está preparándose para entrar a la mina.

Esta es la segunda vez que Parra se pone en la piel de Juan de Salas, un tipo al que le tocó la peor parte de la conquista, pero que ahora, en estos nuevos episodios, mostrará su lado más vulnerable.

“La gran tragedia de Salas es que le tocó lo peor, es muy malo, pero con Nicolás Acuña (el director), queríamos ver a un tipo real”.

Para la construcción de este personaje también lo comparamos con líderes actuales. Usted póngale el nombre que quiera.

“Hay un montón de Salas. Estos líderes que por una vaina (cuestión) personal arrastran al pueblo a donde quieran, por su frustración, por su sed de venganza”, dijo el actor.

Quince años después del final del sitio de Villarrica en Chile (trama de la primera temporada), Diego (Ricardo Abarca), el hijo bastardo del rey español Felipe III (Joaquín Galletero) e Isabel de Bastidas (Eugenia Suárez), llega a la ciudad de Cartagena acompañado de su padrastro Agustín (Benjamín Vicuña).

Ambos huyen de aquellos que desean matarlo para evitar que acceda al trono de España. Cartagena, sitiada por los piratas del Caribe, no será un refugio seguro, y Diego y Agustín deberán luchar por sus vidas.

Inspirada en los diversos sitios que sufrió Cartagena de Indias durante los siglos XVI y XVII, el ciclo recrea, a través de historias de ficción, parte de la conquista española en América.

Con esta producción, Colombia se vuelve el escenario de una historia que no tiene nada que ver con los narcotráficantes, ni con la violencia de estos días.

“Colombia está marcando un referente en este momento, hay un enorme talento aquí y muchas producciones están viniendo a trabajar. Uno está orgulloso y dispuesto a aprovechar estas historias medievales.

“El tema indígena está muy relacionado con nosotros. Hay muchísimos mundos, el castillo de San Felipe, los piratas. Entonces vemos por qué Cartagena era tan importante con el tesoro de El Dorado y la relación con los piratas”, explica Parra.

Todo esto tiene de fondo islas, playas, selvas y nuevas locaciones en el Caribe colombiano, y las ciudades de Cartagena (Patrimonio Histórico de la Humanidad), la antigua ciudad de Santa Marta, las calles de piedra y fachadas blancas de Villa de Leyva y multicultural ciudad de Bogotá.

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