“Me convertí en antropólogo huyendo de la filosofía”, dijo en cierta ocasión Claude Lévi-Strauss, y, sin embargo, el etnólogo francés de fama mundial, que el próximo 27 de noviembre habría cumplido 101 años, era para muchos más bien un filósofo.
Según confirmó ayer la Académie Française, el responsable de aplicar el estructuralismo en la antropología murió en la madrugada del domingo.
Desde hace más de medio siglo, este hombre discreto se posicionó en los debates culturales actuales. Dotó de un nuevo significado los conceptos de “raza”, “cultura” y “evolución” y hace décadas que hizo de la diversidad cultural un factor esencial de la cohesión social y de la paz, teoría que en el contexto de la globalización gana cada vez más relevancia. Por ello, la prensa solía celebrar a este científico como el “etnólogo filósofo” de su época.
También la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), con sede en París, lo ha calificado como “uno de los grandes intelectuales del siglo XX”.
Una imagen que ya se fue gestando en los año 50 con la publicación de su bestseller Tristes trópicos. Un recuento científico que recorre Brasil y que los medios ensalzaron como “gran libro de la sabiduría”. Este compendio de estudios ya advertía de la extinción de culturas “primitivas” amenazadas por el avance de la civilización. En momentos en el que el término “avance” todavía era una palabra mágica de connotación positiva, el científico se convirtió en un pesimista sobre la cultura y en agorero de los que creían ciegamente en el avance.
Pero Tristes trópicos no sólo fue una crítica a la sociedad. Con este libro también se distanció más de su oficio original, pues, después de todo, el etnólogo era un “enviado” de esa civilización destructora cuya expansión llega a todos los rincones del planeta. En este papel no quería verse Lévi-Strauss. “Odio viajar”, dijo, y se centró con ahínco en escribir, algo que muchos de sus colegas le reprocharon. Le cuestionaron sus análisis por estar elaborados con material de segunda mano y dudaron de sus conclusiones sobre las sociedades, los mitos y las estructuras de pensamiento en que se basan.
Lévi-Strauss analizó toneladas de material y elaboró un nuevo método de investigación antropológica: el estructuralismo. Las obras decisivas de este estructuralismo, que intenta comprender cómo funciona el espíritu humano y cómo son las estructuras mentales y cognitivas, surgieron en los años 60 con El pensamiento salvaje, El origen de las maneras en la mesa y Lo crudo y lo cocido.
Con su lógica rigurosa y clasificadora, el científico demostró que los sistemas sociales y familiares de los pueblos ancestrales a menudo eran más complejos y sutiles que los nuestros, lo que escandalizó a muchos etnólogos.
Pues hasta Lévi-Strauss, los “primitivos” eran considerados pueblos con formas de pensar arcaicas, sin escritura y sin máquinas.
Para él no había ninguna raza que intelectualmente sea superior o inferior. Cada grupo étnico de la humanidad tiene su especificidad con la que ha contribuido a un legado común.
Nacido en Bruselas en 1908, este hijo de un pintor relató que acabó dedicándose a la etnología porque era malo en filosofía, estudio que cursó no obstante con mucha disciplina junto a los de derecho y sociología en la Sorbona de París.
Ayer, el también onsiderado padre de la antropología moderna, murió de manera silenciosa, en contraste con lo grande de su obra y su legado a la ciencia del pensamiento moderno.
Dada su avanzada edad, el año pasado no había participado personalmente en los actos conmemorativos de su centenario. Pese a todo, responsables del museo Quai Branly, donde hay un auditorio con su nombre, indicaron entonces que el intelectual se mantenía lúcido y en buen estado de salud.
Francés nacido en Bruselas en 1908, el autor de Tristes trópicos trabajó como profesor en la universidad brasileña de Sao Paulo y en la New School for Social Research de Nueva York, antes de ejercer como director asociado del Museo del Hombre de París y de enseñar en el Collège de France, hasta su jubilación en 1982.
Hijo intelectual de Émile Durkheim y de Marcel Mauss, e interesado por la obra de Karl Marx, por el psicoanálisis de Sigmund Freud, la lingüística de Ferdinand de Saussure y Roman Jakobson, el formalismo de Vladimir Propp y un largo etcétera, era además un apasionado de la música, la geología, la botánica y la astronomía. Las aportaciones más decisivas del trabajo de Lévi-Strauss se pueden resumir en tres grandes temas: la teoría de la alianza, los procesos mentales del conocimiento humano y la estructura de los mitos.
La teoría de la alianza defiende que el parentesco tiene más que ver con la alianza entre dos familias por matrimonio respectivo entre sus miembros que con la ascendencia de un antepasado común. Además, para él no existe “diferencia significativa entre el pensamiento primitivo y el civilizado”.
Jean-Mathieu Pasqualini, de la Academia Francesa, anunció un homenaje durante el cual los académicos escucharían de pie un discurso en su memoria. En México, Francisco Barriga, nuevo coordinador de Antropología del INAH, lo recordó como el estudioso más conocido y omnipresente en la historia de la antropología. Por su parte, el Fondo de Cultura Económica lamentó la sensible pérdida
DPA