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MORELIA, Mich.— El matón a sueldo Boogie el Aceitoso, del humorista argentino Roberto Fontanarrosa (1944-2007), parece “una hermana de la caridad” frente a la violencia que se vive en América Latina, según los productores de la versión fílmica, que se exhibió anoche en el Festival de Cine de la ciudad mexicana de Morelia.
La película animada de Boogie, coproducida por la empresa argentina Illusion Studios y la revista mexicana Proceso, se estrenará en cines en Argentina el 22 de octubre y en México el 14 de noviembre, con guión de Marcelo Páez y dirección de Gustavo Cova.
El personaje del despiadado Boogie nació en 1972 en la revista Hortensia, de la provincia argentina de Córdoba. En México, la historieta se publicó desde 1977 a 1996 en Proceso.
“Frente a la violencia que vivimos Boogie parece una hermana de la caridad”, dijo la periodista mexicana María Scherer, subdirectora de Comercialización de Proceso e hija del fundador del semanario, Julio Scherer.
“En la revista quisimos mucho a Boogie. Es un personaje que todos sienten como suyo, y cuando supimos que se estaba haciendo la película decidimos que teníamos que participar”, agregó. La cinta podría decirse que es la parodia de Harry el sucio, aquel personaje clásico cinematográfico de Clint Eastwood. Pero Boogie el aceitoso va más allá. Es un asesino a sueldo, frío y despiadado a quien la limpieza le importa mucho. Y qué decir de su ironía.
Creado por Roberto Fontanarrosa para el mundo del cómic, Boogie se burlaba de todos. Si alguno leyó el cómic original, podría recordar una referencia precisamente a Harry el sucio, donde le preguntan si veía sus películas. Y Boggie contestaba que definitivamente no le gustaban las historias de amor.
Ahora ese sicario llega a la pantalla grande bajo el título Boogie el aceitoso.
El perfil de “Boogie” en la película no dista de la versión original, es machista y sádico. El filme relata una historia cuya temática, música y estética está dirigida al público adolescente y a los adultos. Hay mujeres, alcohol y balas. Fondos en 2D y personajes tridimensionales.
Después de todo, Fontanarrosa lo concibió como una forma de criticar la violencia en la sociedad de EU.
Un héroe singular
Boogie nació hace 37 años en la Revista Hortensia. Siempre se mantuvo soltero y sus hobbies han sido comprar armas y disparar a transeúntes desde la ventana de su departamento. Anda todo el día con un cigarrillo en la boca. Lo mismo extorsiona periodistas por orden de algún político o humanitariamente asiste a un suicida al que le falta coraje para acabar su misión. Es admirador ni más ni menos que de Jack el destripador y detesta a toda la humanidad.
“Sé que Boogie me despreciaría mucho por sudamericano de un país periférico y por hispanoparlante. No entraría dentro de sus amistades”, dijo bromista, en alguna ocasión, Fontanarrosa.
El artista argentino le confirió características acordes a la profesión de sicario: rubio, musculoso, de fuerte contextura física, mandíbula a lo bulldog con dentadura, enorme y perfecta.
“Seguí el consejo de Quino (creador de Mafalda, otro clásico) de ser lo más libre posible de entrada, para no ajustarme al encadenamiento, al cautiverio que significa ceñirse a una evolución cronológica”, contó Fontanarrosa.
Su personaje se daba lujo de hacer cualquier cosa. Pegaba a mujeres y a policías negros. Y cuando disparaba, en lugar de verse la nube con el popular bang bang, sobresalía el crack crack que impactó a todos. A su creador le comenzaron a caer cartas de todo tipo, principalmente de admiradores: - “Era una cosa terrible, tipos contentos porque por fin llegaba alguien que les pegara a los negros y a las mujeres”, narró,
“El caso es que la gente como Boogie, que tiene la violencia como gesto, me da mucho temor. No me gustan nada esos tipos que dividen las cosas con una línea tajante entre amigos y enemigos”.
Fontanarrosa comenzó como dibujante humorístico y se destacó rápidamente por su calidad y por la rapidez y seguridad con que ejecutaba sus dibujos. Estas cualidades hicieron que su producción gráfica fuera copiosa.
Fue un apasionado, como buen argentino, del futbol, deporte al cual le dedicó varias de sus obras, entre ellas el cuento “19 de diciembre de 1971”, un clásico de la literatura futbolística argentina. Su equipo favorito fue Rosario Central.
En los años ‘70 y ‘80, se lo podía encontrar tomándo un café en sus ratos libres en el bar El Cairo, sentado en la metafórica “mesa de los galanes”, escenario de muchos de sus mejores cuentos.
En enero de 2007 anunció que dejaría de dibujar sus historietas debido a que había perdido el completo control de su mano derecha a causa de la enfermedad. Sin embargo, aclaró que continuaría escribiendo guiones para sus personajes. Medio año después fallecía víctima de un paro cardiorrespiratorio.