Al cantautor Alberto Cortez, la poesía nunca le ha salvado la vida. Por el contrario, ha estado a punto de morir por ella no una, sino varias veces. Es decir, que cantaba los poemas de Antonio Machado y Pablo Neruda en los años 70, en países de Sudamérica. Es decir, incitaba a la revolución en territorios de las dictaduras.
“Quizá sea una exageración decir que ponía en riesgo mi vida, pero yo fui el primero en musicalizar los poemas de Neruda, de Machado; poetas que no eran bien vistos por los gobiernos de aquel tiempo.”
—¿De qué color recuerda el Rancul de su infancia?
—Lo recuerdo de un color transparente, inundado por los rayos de sol al amanecer.
—¿Qué llevaba en la maleta aquél 2 de julio de 1960, cuando deja el puerto de Buenos Aires con destino a Génova?
—En la maleta llevaba muy pocas cosas, solamente aquello que las madres siempre procuran a sus hijos cuando se van de viaje por primera vez. Pero en el espíritu llevaba mucho más, todas las ilusiones que puede tener un hombre a esa edad.
—En 1970 retorna a Buenos Aires pero fracasa. ¿Guarda aún resentimiento contra sus compatriotas por aquel desiare?
—Fíjese que en aquel concierto del Luna Park no hubo público y yo me quedé tan decepcionado que me prometí nunca más volver a Buenos Aires. El promotor que me había llevado, no había cumplido sus promesas y nadie fue a aquella presentación. Y cumplí mi promesa durante cinco años; yo estaba muy dolido, hasta que me llamaron para hacer el comercial de un vino (que por cierto era malísimo). Y entonces alguien en Argentina pensó que antes de presentar el comercial del vino, sería bueno presentar a Alberto Cortez. Y así se hizo: “Un argentino famoso en todo el mundo”, decía aquella publicidad. Y fue entonces que nos reconciliamos… y el vino, por malo que fuera, igual se vendió muchísimo.
—Luego cantó frente al presidente de Argentina. ¿Qué se siente?
—El presidente es lo de menos. Yo me presenté en el Teatro Colón, que hasta ese momento sólo albergaba música clásica; y me presenté con canciones de Atahualpa Yupanqui y los poemas de Neruda, Machado, Lope de Vega, Quiroga.
—¿A qué época de su vida quisiera regresar?
—Mire, a veces me encuentro con muchachas jovencitas con las que yo digo: “Uf, si yo tuviera 20 años”, ja, ja. Pero no, la verdad es que como eso es algo imposible, no me atormento con la posibilidad.
—¿Y usted, ya voló tan alto como las gaviotas?
—¡Claro! He volado muy alto y además he volado junto con un montón de gente alrededor, porque no creo que estamos muy cuerdos.
—¿De qué color era Rancul en 2003, cuando cantó en el centenario del pueblo?
—Cuando salí de Rancul no había más de mil habitantes, y al concierto acudieron unas 10 mil personas.