julio.quijano@eluniversal.com.mxEn La academia todo se vale.
Eso dijo la productora ejecutiva Eva Borja durante las audiciones que se realizaron en un parque de diversiones del Distrito Federal donde se eli gió a los seminfinalitas de la última edición de este programa de realidad simulada.
Borja (siempre atareada en supervisar detalles de la audición y siempre ataviada con lentes negros tras los cuales es imposible adivinar su expresión) matizó: “Yo pongo a los jueces para que califiquen a los alumnos pero no les digo qué hacer o cómo comportarse; si ellos discuten con los maestros eso es algo que yo no puedo controlar”.
En realidad, la productora sí lo controla. Ella misma se vio obligada a matizar: “No quiere decir que La academia sea “Tierra sin ley”; hay reglas que se deben respetar”.
Sin embargo, su frase de que “todo puede pasar” es cierta en el aspecto más cotidiano de La academia. Por ejemplo, la audición convocó a personas inverosímiles. Ahi estaba el ranchero que quiere ser el nuevo Vicente Fernández, la adolescente educada en la rebeldía plástica de RBD, o el trovador que presenta versos de protesta socialista.
Guillermo Zubiaur, porductor general de La academia adelantó que después de esta última edición, realizarán programas similares.