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Alrededor de 12 novelas y nueve cuentos escribió Ian Fleming sobre la vida de un agente secreto que se ha impuesto al paso del tiempo, y más allá del valor literario que engendran las aventuras de James Bond, su imagen se ha convertido en icono imperturbable del mundo cinematográfico.
Quantum of solace (en producción) representa la incursión número 22 del agente británico en el pantalla grande y por segunda ocasión en la piel de Daniel Craig, sexto James Bond, antecedido por Pierce Brosnan, Timothy Dalton, Roger More, George Lazenby y Sean Connery.
Han pasado ya casi 46 años desde que hizo su aparición el agente 007 en el celuloide con Dr. No y la franquicia de este personaje ha logrado niveles insospechados, como una serie de películas taquilleras.
Pero por encima del valor económico que representa, también está el cultural, pues no representa a un espía cualquiera, sino a un hombre de acción que enamora a cualquier tipo de mujer, experto en el manejo de armas sofisticadas y carros de lujo; él puede librar las batallas más complicadas pero nunca perder el estilo y, evidentemente, su infaltable copa de martini.
La historia del agente secreto comenzó en 1952 en Jamaica. Ian Fleming se había recuperado de una noche de farra y empezó a pensar en su villa Goldeneye sobre el tipo encantador y amante de una buena copa al que le daría el número 007.
¿Cómo podría llamarse? Su mirada se posó sobre un libro acerca de las especies de aves del Caribe. El autor se llamaba James Bond. Fleming no buscó más. Con ayuda de una máquina de escribir de viaje Royal envió a Bond a su primera aventura.
El miércoles 28 de mayo se cumplen 100 años del nacimiento del padre del agente con “licencia para matar”, quien murió en 1964 de un paro cardiaco.
Con las primeras oraciones de su novela debut, comenzó aquella mañana de un soleado febrero una historia de éxito que sólo fue superada décadas después por un aprendiz de mago llamado Harry Potter.
De las 14 novelas de Fleming se vendieron más de 100 millones de ejemplares y las películas son consideradas la saga más armoniosa de la historia del cine.
Ahora, los fans celebran el aniversario de Fleming. Y para ello cuentan con una nueva entrega, Devil May Care, escrita por el británico Sebastian Faulks a pedido de los herederos de Ian.
No es ningún secreto que el creador de 007 le dio a su personaje muchas características propias o que hubiese deseado tener. Fleming era despreocupado y con un aire de superioridad mucho antes de volverse millonario con Bond, afirmó su ex compañero en el periodismo Godfrey Smith.
Casi de manera natural, el estilo de Fleming se convirtió en el de Bond, como por ejemplo la tesis de que el Martini de vodka debe estar “agitado pero no revuelto”. Al fin y al cabo, el creador del personaje veía en la forma de preparar este cóctel la quintaesencia del arte de vivir de la clase rica.
El gusto de Fleming por el sexo femenino y su debilidad ante él, también se reflejan en las chicas Bond, a las que un hombre normal no se puede resistir.
Ian Lancaster Fleming tenía fama de mujeriego ya en la escuela secundaria. Tuvo que dejar la elitista escuela de Eton a causa de sus amoríos y también hubo affaires involucrados en su partida anticipada de la academia militar de Sandhurst.
Como asistente del contraalmirante de la Marina y jefe del servicio secreto John H. Godfrey, trabajó durante la Segunda Guerra en inventar formas para ganar a los alemanes. Muchas de las cosas que imaginó entonces aparecen en sus libros.
(Con información de DPA)