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Mariana busca en su infancia recuerdos qué compartir, no importa si los mismos están impregnados de la guerrilla venezolana de los 60.
Yulene indaga en una plática íntima con su abuela a un personaje tan seductor como enigmático, un hombre que ambas conocieron y que bien pudo haber sido un asesino serial.
La ceremonia íntima de recordar, amenazada por una violencia latente, tal es la apuesta cinematográfica de Yulene Olaizola y Mariana Rondón, cuyas obras forman parte del 28 Foro de la Cineteca Nacional.
Yulene, mexicana, de 24 años de edad, cursa el quinto año en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo es su ópera prima. Obtuvo el premio del público en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires.
Mariana, venezolana, de 42 años, es artista plástica y cineasta. Postales de Leningrado es su segundo largometraje, en el que ocupa técnicas como la animación y el collage.
En entrevista, Yulene explica que buscó hacer un trabajo al alcance de sus posibilidades como estudiante. Obtuvo apoyo de su escuela, de una beca en Holanda y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA).
Eligió filmar en la casa de su abuela, en la esquina de Shakespeare y Víctor Hugo, en la colonia Anzures de la ciudad de México, a la que acudió equipada con una cámara y un micrófono.
“Los problemas vienen después, cuando la película está terminada y uno trata de conseguir distribuidora para exhibirla en salas comerciales”, dice Olaizola, quien hasta el momento no ha recibido ofertas en este rubro.
Rondón también se enfrentó a la falta de presupuesto; sin embargo, decidió comenzar a intervenir la película filmada, a pintar sobre la misma y a buscar apoyo con varios colegas latinoamericanos para buscar lo que quería: un tono de intimidad en la obra.
“Yo decidí hacer cine muy pequeña, porque quería contar una película en especial y era ésta.
“Una vez que salió, descubrí que Venezuela había olvidado estos episodios, que mucha gente los necesitaba volver a ver y a escuchar y comenzó a surgir un debate muy grande sobre lo que había pasado”, dice la fundadora de Sudaca Films. Rondón niega que su película sea sobre la violencia. Dice que le preocupa más el miedo como proyecto de trabajo.
Respecto a su obra, precisa Olaizola: “Está ligada a una historia de un asesino serial y por ese lado entra la violencia, pero todo el entorno que cuento, muy familiar e íntimo, habla de lo contrario: un lugar cálido con un amor maternal importante. Es una historia de amor, no de violencia.”
“Para mí el siguiente camino es tratar de producir en un esquema diferente al que fue la escuela y seguir trabajando de forma independiente, con pocos recursos y entre pocas personas. “Seguir haciendo un cine muy íntimo y muy independiente, pero aquí en el país”, concluye la cineasta.