julio.quijano@eluniversal.com.mxEste martes, cuando se celebre la 50 edición del premio Ariel, recibirán un homenaje no sólo los actores que hemos visto en pantalla, sino también aquellas personas que con su trabajo han hecho posible que el cine mexicano exista.
Se trata de técnicos, tramoyistas, utileros, peinadores que han dado su vida y experiencia al cine nacional y que por tal motivo recibirán el Ariel de Oro por más de 50 años de trabajo.
Tal es el caso de Fernando Ramírez.
Su primer trabajo como escenógrafo fue en el año de 1948, con Algo flota sobre el agua, de Alfredo B. Crevenna.
Alfredo Ramírez lleva pues no 50 sino 61 años en la industria. Sus recuerdos son prodigiosos, recuerda con exactitud la fecha en que trabajó con John Wayne, las felicitaciones que recibió por su colaboración en una cinta de Harrison Ford y en alguna otra con Demmi Moore.
Pero mejor que su memoria es su futuro: “La mejor escenografía que hecho es la de mi siguiente película”. Y esa podría ser el guión adaptado del cuento de Agustín Yañez La niña Esperanza, que el propio escritor le regaló.
Obviamente, tiene algunos trabajos especialmente marcados en la memoria. Sobre todo se expresa con entusiasmo de las colaboraciones con Felipe Cazals, a quien llama “el último de los directores de verdad”.
Con él trabajó en varias cintas incluyendo Canoa, de la que cuenta: “Fue muy dificil la filmación porque fuimos al pueblo y la gente nos veía con recelo.
“Trabajábamos de noche, con lluvias artificales y el pueblo nunca terminó por aceptarnos, hubo momentos en que parecía que nos iban a tratar igual que a los jóvenes de la historia”.
Actualmente, Fernando Ramírez es maestro de dirección de arte en la Escuela Nacional de Artes Plásticas; fue el primero que estuvo en la cárcel a causa de una película. Ramírez se dio la oportunidad de dirigir su propia película a mediados de los 60.